Bruno Velasco se quedó sin palabras ante la actitud de Fabio Serrano.
Le tomó un par de segundos recuperar el aliento antes de soltar:
—Fabio, te estás comportando como un acosador de lo peor. Se separaron, ya dejaron las cosas claras, ¿qué haces investigando a todo el que se le acerca? ¿Acaso no te dejó clarísimo que no quiere saber nada de ti?
—Ella también me diría que soy un acosador —admitió Fabio con una calma perturbadora, sin que se le moviera un solo músculo de la cara.
Bruno: «...»
¿Encima estaba orgulloso de eso?
¿Acaso comportarse como un pervertido era motivo de orgullo?
Pensando en eso, Bruno soltó una carcajada amarga y seca, sin ocultar su total desaprobación.
Y sin darle más vueltas, le cortó la llamada.
A Fabio no le importó en lo más mínimo.
Se quedó allí de pie, inmóvil, hasta que el auto de Andrés desapareció por completo de su vista.
Solo entonces se dio la vuelta y se marchó a paso tranquilo.
Durante todo el trayecto, Vanesa se mantuvo sentada en el asiento del copiloto.
Andrés no se dio cuenta, pero Vanesa sí lo notó.
Fabio los había estado observando todo el tiempo.
Aunque no había hecho ningún movimiento, esa presencia fantasmagórica la mantenía con los nervios de punta.
Era imposible descifrar qué pasaba por la cabeza de Fabio.
Al final, Vanesa decidió rendirse.
Se había dado cuenta de que, cada vez que se tensaba por su culpa, terminaba con dolores de cabeza y ansiedad.
Y odiaba sentirse así.
No pronunció una sola palabra hasta que el auto finalmente se detuvo frente al campus. Había cerrado los ojos, fingiendo descansar.
—Ya llegamos. Mira, dejó de llover —anunció Andrés con su habitual tono cálido.
Vanesa abrió los ojos, ya con su semblante tranquilo de siempre.
—Gracias.
—No tienes nada que agradecerme —le sonrió él.
Andrés mantuvo su postura caballerosa y respetuosa; no hizo ningún intento de propasarse.
Sin embargo, encerrados en el reducido espacio del auto, la tensión romántica entre ambos era innegable.
Vanesa era plenamente consciente de ello, y esta vez, no puso barreras.
Lo miró fijamente y dijo con serenidad:

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