Las horas pasaron y, a las 4 en punto, la clase de Vanesa concluyó.
Andrés, que evidentemente ya conocía sus horarios al detalle, la estaba esperando a la salida.
Al verlo, Vanesa esbozó una ligera sonrisa.
Él caminó directamente hacia ella.
—¡Hola! —saludó de inmediato.
Luego, con un gesto completamente natural, le tomó la mano.
Ahora que oficialmente eran pareja, era una acción esperada y normal.
Aunque, a decir verdad, Andrés se veía un poco nervioso.
Vanesa no dijo nada, pero tampoco apartó su mano.
Sin embargo, justo en el momento en que sus dedos se entrelazaron, el celular de ella vibró.
Al mirar la pantalla, Vanesa notó que era un número fijo desconocido.
Frunció el ceño, asumiendo que se trataba de alguna operadora de telemarketing.
Pero el teléfono no dejaba de sonar con insistencia.
Guiada por un extraño presentimiento, finalmente contestó.
—¿Hablo con la mamá de Santiago? —se escuchó la voz angustiada de una profesora al otro lado de la línea.
Vanesa se quedó paralizada, tardando unos segundos en procesar la pregunta.
Pero el nombre de Santiago la hizo reaccionar.
Recobró la compostura al instante.
—¿Qué pasó? ¿Se encuentra bien?
—Mire, la situación es esta: Santiago está volando en fiebre. En los registros del colegio nos dejaron su número para emergencias. Le ruego que venga lo más pronto posible para que podamos llevar al niño al hospital —explicó la maestra de manera atropellada.
El historial clínico de Santiago no era el de un niño cualquiera.
Era obvio que, al momento de inscribirlo, la gente de Fabio había dado instrucciones muy precisas al respecto.
Por esa razón, la enfermera escolar no se atrevía a darle ningún medicamento sin autorización expresa.
Y teniendo muy presente lo delicado que fue el caso de Paz Jiménez, Vanesa entendió de inmediato la gravedad del asunto.
—Entendido. Voy para allá ahora mismo —respondió sin vacilar.
No le importaba averiguar en ese momento por qué diablos la escuela tenía su número registrado.
Lo único que importaba era que la salud de Santiago no podía esperar. No iba a perder tiempo discutiendo detalles irrelevantes.


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