Gabriela fue empujada dentro del vehículo sin fuerzas para resistirse, el sabor amargo en su boca continuó esparciéndose.
El hombre observó su rostro, que mostraba tranquilidad, desafío y una aceptación serena de su destino.
Si él hubiera tardado apenas unos minutos más, ella habría muerto.
Pero ella no mostraba ningún temor.
Incluso había intentado esquivarlo a propósito.
La sola idea lo hacía hervir de ira; en todos sus años, nadie jamás se había atrevido a enfurecerlo así.
"Gabriela, ahora voy a entregarte a Jack, él te usará para negociar con Sebastián. Quiero que veas con tus propios ojos cómo es abandonado por este círculo. No te importa perder tu vida, pero seguro que temes verlo caer, ¿verdad?"e2
Para matar, hay que apuntar al corazón.
Gabriela no le temía a la muerte, por lo que si la amenazaban con quitarle la vida, no se le movería un pelo.
Pero si la amenaza era contra Sebastián, ella cedería rápidamente.
Como era de esperarse, ese semblante determinado, se transformó en pánico.
"No... por favor..."
"Es tarde." Dijo sacando su móvil y contactando a Jack de inmediato.
Incluso activó el altavoz para que ella pudiera oír la conversación.
Para Jack, el número era desconocido y no sabía quién llamaba, pero el hombre al otro lado fue directo al grano.
"Voy a llevar a Gabriela a tu villa, úsala para negociar con Sebastián. Quiero que deje de ser el presidente de la Corporación Sagel y el heredero de la familia, quiero que no pueda levantar la cabeza nunca más."
"Qué coincidencia, eso es justamente lo que yo quiero hacer. Entonces te espero." Dijo arqueando una ceja y soltando una risita.
No preguntó quién era la persona al otro lado de la línea, mientras los objetivos coincidieran, eso era suficiente.
"Por favor, te lo suplico... no hagas esto."
La voz de Gabriela era ronca, tan ronca que casi no podía hablar.
El hombre agarró su barbilla con fuerza, sus ojos mostraron una crueldad abisal.
"Me obligaste a hacerlo. Iba a tomar las cosas con calma, pero incluso ahora, ciega, todavía logras enfurecerme. Eres impresionante."
El último vestigio de color en el rostro de Gabriela desapareció, especialmente al sentir que se acercaban a la villa de Jack.
Ella se desmoronó internamente, intentando desesperadamente mantener la calma. Pero al recordar la actitud de aquellos hombres hacia Sebastián esa noche y la situación en la que él se encontraba, sus lágrimas empezaron a caer silenciosamente.

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