Aunque Teresa no conocía de memoria absolutamente todos los coches que entraban y salían del residencial de la Prepa de la Central, sí tenía más o menos una idea de los habituales.
Como maestra y titular de grupos de último año, siempre le preocupaba que a sus alumnos los anduviera rondando gente de afuera.
Por eso, al ver un coche tan lujoso con unas placas que no pasaban desapercibidas, Teresa empezó a sospechar.
Sin embargo, al pedir que bajaran la ventanilla, se topó nada menos que con Axel.
Axel, el desgraciado que hace tres años le había hecho la vida pedazos a su hija.
A Teresa se le borró la expresión amable en un instante:
—¿Tú qué haces aquí? ¿Viniste a ver a tu maestra o a buscar a Ve?
Axel era su estudiante estrella, pero también el hombre al que más odiaba.
—Profesora Rosales... —Axel quiso abrir la puerta del coche, pero Teresa no se lo permitió.
—No me importa a quién vengas a buscar, ni con qué intención. Solo quiero pedirte un favor: no te le vuelvas a cruzar en el camino a Ve, nunca más.
Axel se quedó sin palabras.
***
Vera regresó al departamento que rentaba y se tardó un rato en prender la luz.
Era un lugar de una sola planta, de apenas veinte metros cuadrados. La renta le costaba tres mil seiscientos pesos al mes, lo que representaba casi la mitad de lo que ganaba actualmente, pero ese lugar era su refugio.
El departamento estaba impecable y cada cosa en su lugar. Vera se quitó los zapatos, fue directamente hacia la cama y, tras dudarlo un momento, sacó una caja de cartón que estaba escondida debajo.
La caja estaba forrada con un montón de capas de cinta adhesiva amarilla que había sido pegada, cortada y vuelta a pegar varias veces.
Vera se quedó viendo la caja. Su mente iba y venía: por momentos veía a Axel y a Cristina felices en familia con su hijo, y de repente se veía a sí misma en Estados Unidos, tragándose todo su orgullo para rogarle a Axel que no la cortara.
También se acordó de todas esas veces que se escondió detrás de las cortinas de su cama en los dormitorios, mordiéndose la mano para no hacer ruido al llorar mientras le mandaba mensajes a Axel preguntándole por qué.


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