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El Karma de tu Traición romance Capítulo 9

Vera no pegó el ojo en toda la noche; se la pasó mirando al techo hasta que amaneció.

Normalmente los viernes eran el mejor día de la semana, pero ella andaba sin una gota de energía. Justo al salir del metro para ir al trabajo, un tipo que iba corriendo para checar a tiempo la empujó y casi la tira al suelo.

El hombre iba gritando disculpas mientras seguía corriendo. Vera se acomodó el cabello y se dispuso a ir por su desayuno.

Sintió que le tocaban el hombro, se dio la vuelta y vio a su excompañera de cuarto y ahora colega de la oficina, Martina Rivera.

Habían compartido el mismo cuarto durante cinco años. Martina fue quien estuvo ahí con ella, apoyándola durante todo su dolor por la ruptura y aguantando el peso de los chismes; luego ambas entraron juntas al Instituto de Diseño Arquitectónico de Solara por el reclutamiento escolar. Eran amigas inseparables.

Vera esbozó una ligera sonrisa.

Martina le pasó el brazo por los hombros y se acercó para verle las enormes ojeras.

—¿Andas en las nubes porque no dormiste bien? Te estuve gritando desde atrás y hasta te mandé mensajes en el metro, pero no reaccionaste, te quedaste ahí parada como estatua.

El metro en Solara durante la hora pico estaba siempre a reventar; de no ser por eso, Martina se habría abierto paso a empujones para preguntarle qué le pasaba.

Las pestañas de Vera temblaron un poco mientras caminaba con su amiga hacia la tienda de conveniencia.

—Sí, no pude dormir... —respondió—, tuve insomnio.

—Otra vez con el insomnio —Martina frunció el ceño, pero luego se le iluminó la cara con cara de chismosa—. Oye, ¿no que ayer fuiste a cenar con el chico que te presentó Óscar? ¿A poco te quedaste platicando con él toda la noche? ¿Hicieron clic?

Vera no tenía por qué ocultarle nada a Martina. Guardó silencio unos segundos y soltó con voz apagada:

—Axel regresó…

Después de escuchar lo que había pasado la noche anterior, el silencio de Martina fue aún más largo. Se quedó con los ojos bien abiertos viendo a Vera por un buen rato, hasta que la sorpresa se convirtió en coraje.

—¡No manches! ¡Ese cabrón todavía sigue vivo! Entonces todos mis rezos de estos años no sirvieron de nada. ¡Ojalá él y su amante se hubieran largado para siempre y no hubieran vuelto a aparecer! —exclamó indignada—. ¡Y hasta familia feliz tiene ya! Qué injusta es la vida.

Capítulo 9 1

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