Manolo estudió el círculo de atacantes que lo rodeaban, mientras las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer sobre el asfalto. La penumbra del callejón ocultaba parcialmente sus rostros, pero no sus intenciones.
"¿Quién los mandó?" La voz de Manolo resonó con autoridad contra las paredes del callejón, aunque su mente evaluaba frenéticamente las posibilidades de escape.
"Eso es lo que menos te debe importar," respondió el cabecilla con una mueca sarcástica. "Si no quieres que esto se ponga muy feo, mejor entréganos lo que traes."
"Está bien," concedió Manolo, mientras su mente trazaba un plan desesperado.
Con un ademán del líder, uno de sus secuaces se aproximó extendiendo la mano hacia el portafolio. En un movimiento veloz, Manolo le atrapó la muñeca, torciéndola con precisión militar, y lo sujetó del cuello como escudo humano. "Déjenme pasar, o si no..."
Una carcajada burlona brotó de la garganta del líder. "Adelante, Capitán Fierro, si te atreves, hazlo."
El silencio de Manolo revelaba su frustración contenida.
Con un empujón violento, lanzó al matón contra sus compañeros y se convirtió en un torbellino de puños y patadas, buscando romper el cerco que lo aprisionaba. La adrenalina corría por sus venas mientras sus golpes encontraban su marca, pero eran demasiados.
La superioridad numérica pronto se impuso. Los ecos de la pelea rebotaban contra las paredes del callejón, mezclándose con el tamborileo de la lluvia que arreciaba, convirtiendo el pavimento en una superficie traicionera.
Un golpe certero en la espalda lo derribó. Mientras intentaba incorporarse, una patada brutal lo devolvió al suelo. Los atacantes se abalanzaron sobre él como una jauría, sus botas encontrando blanco una y otra vez. Manolo rodaba, intentando minimizar el daño, pero cada movimiento era una agonía.
La lluvia caía ahora con fuerza, transformando el callejón en un lodazal. Un último golpe lo dejó tendido sobre el fango. El portafolio, que había protegido con tanto ahínco, se deslizó de sus dedos entumecidos.
El agua de lluvia arrastraba hilos escarlata sobre el asfalto sucio.
Sus dedos arañaron el suelo en un intento desesperado por recuperar el portafolio, pero una bota lo mantuvo inmóvil contra el pavimento.
El líder se acercó con paso pausado y recogió el maletín. "¿Para qué tanta resistencia, Capitán Fierro? Si hubieras cooperado desde el principio, te habrías ahorrado esta golpiza."
Manolo intentó levantarse, pero un golpe en la sien nubló su visión.


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