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El Karma romance Capítulo 111

Nacho frunció el ceño, murmurando una maldición: "Son unos inútiles."

Arlet levantó la vista y sus ojos sonrientes se posaron en los tres diciendo: "Sí, todos son inútiles."

Nacho y sus dos secuaces se enfurecieron al instante. Sin necesidad de una orden de Nacho, se lanzaron hacia adelante. Esa vez estaban preparados, pero, con sus habilidades mediocres, no eran rivales para Arlet. En un instante, los dos cayeron al suelo, retorciéndose, quejándose de dolores tanto en las piernas como en el estómago y emitiendo gemidos de dolor.

Nacho, al ver a sus cuatro secuaces en el suelo, se rio de la frustración.

Con una patada, apartó al secuaz que yacía a sus pies y avanzó con los ojos entrecerrados: “Ya había escuchado que eras buena peleando, pero ahora veo que eres aún mejor. Aunque, ¿crees que esa confianza te alcanzará para enfrentarte a mí?”

El hombre apretó sus puños y sus nudillos crujían, mientras avanzaba paso a paso hacia ella. De repente, lanzó un puñetazo, feroz como una bestia que se abalanza sobre su presa.

El puño aún no la había alcanzado cuando Arlet capturó su puño con precisión, sujetándolo firmemente. Él intentó empujarla sin éxito. De repente, sintió dolor. La mano que lo agarraba iba aumentando la presión, como si quisiera aplastar su mano.

Nacho frunció el ceño, levantó su pierna izquierda, atacando el vientre najo de Arlet. Ella se movió a la izquierda, girando su brazo y la fuerza en su mano aumentó bruscamente. Se escuchó un sonido crujiente de un hueso desplazándose.

"¡Ay!" Nacho gritó de dolor, su brazo derecho se dislocó, colgando inerte.

"¡Maldita mujer!"

Nacho rugió, sacando un cuchillo afilado de su cintura, con una mirada feroz mientras le decía: "¡Muere!"

Arlet dio una voltereta, levantó la pierna, y con un movimiento limpio y preciso, lanzó el cuchillo de su mano.

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