No se le podía culpar a Arlet por tener ese tipo de pensamientos; realmente era su problema, ya que difícilmente uno podía evitar pensar mal.
Por lo general, después de esa pregunta, lo siguiente sería un "mira cómo soy" o algo por el estilo, seguido por una declaración de amor.
Arlet reflexionó por un momento, no quería desanimarlo y mucho menos herir su orgullo. Solo le quedaba usar la razón más adecuada para rechazar cortésmente su amabilidad.
El celular de Erik sonó, y él lo revisó ansiosamente.
Arlet: 【Ahora ando muy ocupada con mis estudios, la verdad ni lo he pensado. No me interesa esa onda.】
Erik se quedó sin palabras. Miró fijamente el mensaje, preguntándose por qué se sentía un poco extraño. Parecía, como si algo no estuviera bien. ¿Ella pensaba que él estaba interesado en ella?
Erik se sintió súbitamente envuelto por una sensación llamada ‘vergüenza’. Miró hacia abajo, revisando el mensaje que había enviado, y silenciosamente presionó “retirar”, pero... el sistema indicaba que no se podía retirar después de dos minutos.
“¡Me cago en todo!”
Erik explotó con otra grosería. El asistente cerca temblaba de miedo. ¿Qué le pasaba ese día? Arlet esperó un rato, sin recibir respuesta. ¿Se sentiría mal por eso? En realidad, él era una buena persona, solo que... después de lo vivido en una vida anterior, ya no sabía cómo amar a alguien o cómo confiar incondicionalmente en alguien.
Cuando estaba a punto de irse a la cama, el celular en su mesita de noche vibró.
Arlet tomó el celular y revisó el mensaje.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Karma