Las miradas se cruzaron en el aire, mientras ambos estaban evaluándose mutuamente.
Alexander avanzó hacia adelante, abriendo la puerta y su aguda mirada a través de sus lentes cayó sobre el rostro de Arlet. La gente que pasaba junto a ella, podía percibir un sutil aroma a menta que se esparcía en el aire, ese olor no era de perfume, pero era agradable.
La persona que se había alejado dos pasos, se detuvo, giró su cuerpo y, mirando directamente a los ojos de ella, dijo: "Tienes unos ojos muy bonitos, señorita."
Arlet se quedó sorprendida por un momento ante aquel halago.
"Si estás buscando a esa pareja un tanto desaliñada, mejor renuncia, pues ya han dejado la fiesta y ese hombre no es de fiar." Le advirtió Alexander, mientras pensaba que una persona con unos ojos tan hermosos no debería mezclarse con ese tipo de hombres, además cuanto más él la miraba a sus ojos, más parecida la encontraba a su hermana perdida.
"¿Cómo sabes que los estoy buscando?" Cuestionó Arlet.
"En el segundo piso, aparte de nosotros, solo quedaban ellos y desde que llegaste al tercer cuarto de este piso, he escuchado tus pasos. Te detuviste unos segundos frente a cada habitación, lo que me lleva a deducir que estás buscando a alguien y precisamente hace cinco minutos, una desaliñada pareja se fue. Basándome en lo anterior, no es difícil adivinarlo."
Cuando Alexander terminó de hablar, el sonido de unos aplausos resonó.
"Los genios son genios y hasta sus oídos son excepcionales." Comentó Arlet, pues el hecho de que él hubiera escuchado sus pasos desde que se acercó al tercer cuarto, demostraba una habilidad auditiva innata.
"Es una lástima que seas doctor. Si te hubieras unido al ejército, definitivamente serías el mejor soldado." Dijo Arlet instintivamente y Alexander se quedó ligeramente sorprendido, pues eso le sonaba familiar, ya que hacía diez años, su padre había dicho exactamente lo mismo.
"¿Tienes familia?" Indagó Alexander y tan pronto como hizo esa pregunta, él mismo se sorprendió por un momento y luego, sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa, mientras pensaba que probablemente estaba delirando después de haber visto a su madre y por eso imaginaba a cualquiera como su hermana.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Karma