Arlet echó un vistazo a la tarjeta VIP negra y no la aceptó, en su lugar, dijo: "Guárdala, no la necesito."
Había revisado con su celular y descubierto que el Hotel Corazón de Palma era uno de los hoteles propiedad de Jesper. Desde el momento en que puso un pie en el hotel, alguien debió haber sido notificado para organizarlo todo. Realmente, no hacía falta que él hiciera eso.
El gerente no insistió y guardó la tarjeta, sabiendo que era suficiente con recordarla. Su jefe acababa de darle una orden personalmente, diciéndole que era una invitada muy importante, por lo que desde ese momento en adelante, cada vez que ella visitara ese lugar, todos sus gastos serían cubiertos por el hotel, incluso si necesitaba comprar algo, el hotel lo adquiriría por ella.
El gerente nunca se había enfrentado a una situación así, pero eso indirectamente señalaba algo, que la identidad de la joven frente a él era extraordinariamente única.
Una vez fuera del hotel, Silvia no pudo contenerse más y preguntó: "Arlet, ¿a qué se dedica tu familia? También tienen una empresa, ¿verdad?"
Rebeca también la miraba curiosa, pero Arlet solo dijo dos palabras: "Soy huérfana."
Los ojos de Silvia y Rebeca se abrieron de par en par, ambas estaban algo incrédulas.
"El chico guapo que vino contigo ayer, ¿no es tu hermano?" Insistió Silvia.
"No, él solo es un pariente de mi amiga." Contestó Arlet.
Silvia quería seguir haciéndole preguntas, pero Rebeca la tiró de la manga, señalándole que era suficiente, pues era evidente que Arlet no quería hablar más del tema, por lo que continuar interrogándola sería invadir su privacidad.
Las tres volvieron a su dormitorio, pero no vieron a Bárbara y eso no les importó mucho, ya que no eran cercanas.
Al día siguiente, los rumores sobre Bárbara actuando como una gran dama en el Hotel Corazón de Palma y haciéndose pasar por una VIP Supreme se esparcieron por la facultad. Muchos no habían visto a Bárbara, pero todos habían oído hablar de su ridículo espectáculo. Ella se convirtió en la primera novata en ganarse la atención de toda la facultad de la forma más rápida.
Isabel sorprendida, preguntó: "¿Otra vez nos lo traen?"
Uno de los guardias sonrió y explicó: "De ahora en adelante, será todos los días. Si las señoritas desean algo específico, pueden decírnoslo con anticipación."
Rebeca y Silvia, al igual que los demás a su alrededor, lanzaron miradas sorprendidas hacia Arlet e Isabel, esta última tomó las loncheras y les dijo a Rebeca y Silvia: "Nosotras vamos adelante a buscar una mesa."
"Está bien." Respondieron ellas.
Una vez que Arlet e Isabel se marcharon, Silvia no pudo evitar comentar: "¿Quiénes crees que sean Arlet e Isabel, que incluso les traen el almuerzo?"

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