En realidad, las circunstancias siempre están cambiando rápidamente, y nadie puede garantizar el éxito al cien por cien, ni la ausencia total de errores.
Arlet, siguiendo la dirección que le dieron, condujo su auto hasta una tiendita en la zona noroeste y en cuanto llegó, su celular, que estaba en su bolsillo, sonó.
"Ya estoy aquí, ¿dónde están ustedes?" Preguntó Arlet y miró alrededor, observando a la gente, pero no vio a ningún extranjero.
Marcus, observando a la gente alrededor, tampoco encontró a nadie sospechoso.
En ese momento, la persona que buscaban estaba acostada en una colina lejana, observando a Arlet con unos binoculares militares. El sujeto no estaba en el pueblo, por lo tanto, ¿cómo podrían encontrarlo?
"Abre el bote de basura, saca de ahí una bolsa negra y vierte todas las joyas dentro." Ordenó aquel sujeto y Arlet hizo exactamente lo que le dijeron. Justo cuando terminó, el teléfono sonó de nuevo.
"Coge la bolsa y camina hacia el final del pueblo. No intentes nada, estaré vigilándote." Amenazó Roman y Arlet, por supuesto, entendió que el otro debía estar escondido en algún rincón vigilándola.
Mientras tanto, Marcus le preguntó a sus hombres: "¿Encontraron a esa persona?"
"No, señor Sandell." Respondió uno de sus subordinados y Marcus se quedó pensativo, preguntándose que, con tanta gente suya dispersa alrededor del pueblo, ¿dónde podría esconderse esa persona para poder monitorear cada movimiento de su hija sin ser descubierto?
"Dame el mapa de los alrededores del pueblo." Pidió Marcus, quien comenzó a buscar el mejor punto de observación y rápidamente fijó su objetivo en una colinita no muy lejos.
"Envía a algunos hombres a revisar en aquella colina." Ordenó Marcus.
Patrick conducía el vehículo, mientras que Igor sostenía un cuchillo contra el cuello de Arlet, la cual rápidamente dedujo que con una persona vigilándola en secreto y dos junto a ella, significaba que Isabel y Freya no estaban siendo vigiladas, y eso era una señal peligrosa.
"Tranquila, ellas dos están bien." Dijo Igor y se rio entre dientes, pensando que probablemente, en ese momento, Roman estaba en esa choza, terminando con esas dos mujeres, pues como ya tenían a su objetivo, ellas dos ya no eran necesarias.
Lo habían planeado bien, dos para llevarse a Arlet y otro para manejar lo que siguiera, para luego reunirse con ellos.
Al ver la sonrisa siniestra en el rostro de Igor, el corazón de Arlet se detuvo y pensó en una posibilidad: ¡Malas noticias!
"¿Acaso saben que una de las chicas que han secuestrado pertenece a una de las familias más distinguidas de la Ciudad de México? Eso significa que si le pasa algo, no podrán salir vivos de aquí. Pronto habrá un gran número de personas persiguiéndolos, por lo tanto, si son inteligentes, mejor no hagan nada." Arlet analizó fríamente la situación para ellos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Karma