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El Karma romance Capítulo 557

Se trataba de un asunto de vida o muerte, por lo que ninguno de los dos se atrevía a aflojar.

Después de decenas de movimientos, ambos tenían moretones en sus cuerpos y estaban heridos.

Igor miraba a la mujer frente a él, sorprendido, pues no podía creer que ella supiera luchar.

Arlet estaba igualmente asombrada por la fuerza de combate del otro. No por nada era alguien que se jugaba la vida y con sus técnicas, varias veces estuvo a punto de dejarla inválida.

Estaban igualados en fuerza, por lo que si quería ganar, tenía que recurrir a un truco inesperado.

Innumerables ideas relampagueaban en su mente.

Durante el combate, Arlet dejó intencionadamente un hueco, que fue aprovechado por él para derribarla al suelo, ella se dejó caer hacia un lado y cuando él se acercó, Arlet se levantó de un salto, lanzando la arena que tenía en la mano hacia él. Al mismo tiempo, agarró una rama con forma de estaca que había visto antes y la estocó directamente hacia su abdomen. Aquella serie de movimientos fue increíblemente rápida, todo sucedió en un parpadeo, por lo que Igor no pudo esquivarla a tiempo y recibió el golpe en el abdomen. La estaca le atravesó el cuerpo de lado a lado y un grito de dolor se escapó de los labios de Igor.

¡Aprovecharía su debilidad para acabar con su vida!

Arlet no se detuvo, en su lugar se agachó, levantó una piedra gigante del suelo y la lanzó con fuerza contra su cabeza, la cual comenzó a sangrar profusamente. No le daría ninguna oportunidad, una vez que Arlet encontrara una, se aferraría a ella sin soltarla. Incluso cuando la persona en frente ya había caído y parecía no tener fuerza para resistir, Arlet no bajó la guardia y usando la cuerda que antes la había atado, lo amarró, luego, ella sacó un teléfono satelital que le pertenecía él y llamó a Marcus: “Papá, soy yo.”

Marcus casi lloró al oír la voz de su hija, pues estuvo a punto de morir de miedo, ya que si algo le hubiera pasado a Arlet mientras estaba bajo su cuidado, él no tendría cara para volver a casa.

“¿Dónde estás? ¿Te han lastimado?” Preguntó Marcus con preocupación.

“Estoy bien, ya capturé a uno de los criminales. Ahora estoy cerca del túnel.” Informó Arlet y Marcus le dijo: “Quédate ahí tranquila esperándonos.”

La mirada de Arlet se tornó más profunda y en su rostro apareció una sonrisa un tanto siniestra. Igor estaba aterrorizado por su cambio y solo pudo responderle: “No, no fui yo.”

El aura repentinamente cambiada de aquella mujer, junto con la atmósfera que emanaba, lo llenaron de miedo y enseguida pudo percibir el peligro acechándolo.

Arlet clavó su mirada en las piernas de él, como considerando cómo actuar, o quizás pensando por cuál comenzar.

“Tres piernas, ¿por cuál debería empezar?” Musitó Arlet para sí misma.

¿Cómo que tres piernas?

¡Claramente solo tenía dos!

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