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El Karma romance Capítulo 565

"Está bien, mantén los ojos bien abiertos allá y si surge algo, avísame de inmediato."

La secretaria sugirió: "Presidente Alcántara, ¿por qué no llevamos a la Señorita? Así demostraremos más sinceridad."

Isidro lo pensó un momento y dijo: "Tienes razón."

Al día siguiente, Isidro, acompañado de Evelina, quien había sido liberada bajo fianza, esperaban ansiosos desde temprano en la entrada del aeropuerto.

Cuando Arlet y su comitiva llegaron, Isidro y su hija se apresuraron a recibirlos.

Bruno, al verlos, especialmente al notar a Evelina, frunció ligeramente el ceño, colocándose instintivamente frente a Arlet.

"¿Qué pretenden hacer?" Preguntó Bruno con desconfianza e Isidro, con una sonrisa halagadora en el rostro, dijo: "Señorita Sandell, he traído a mi hija para que se disculpe contigo. Lo que hizo estuvo mal y por eso sinceramente quiere pedirte disculpas. Esperamos que seas compasiva y puedas perdonarla esta vez." Dicho eso, él le guiñó el ojo a su hija y a regañadientes, Evelina, pensando en el poder de la familia Sandell, bajó su orgullosa cabeza mientras decía: "Lo que hice estuvo mal, no debería haberme dejado llevar, espero puedas perdonarme."

Arlet observó a padre e hija, y dijo: "Si las personas a las que ustedes han dañado los perdonan, entonces, yo también lo haré."

Isidro y su hija se quedaron atónitos, pues habían preparado muchas excusas, incluso estaban listos para arrodillarse, esperando que la presión pública obligara a Arlet a perdonarlos, pero nunca imaginaron que ella respondería de esa manera.

Isidro rápidamente se repuso, pidiendo: "Señorita Sandell, ¿podrías pedirle a tu hermano que por ahora no tome acciones contra nuestra familia, y que nos dé un poco de tiempo?"

"Por favor, perdónennos. ¿Sirve si me arrodillo y les ruego?" Gritó Evelina y la gente alrededor comenzó a mirar y a cuchichear.

Evelina estaba desesperada, ya que si la familia Alcántara caía, ella lo perdería todo y no podía permitirse perder lo que tenía.

Al ver a su orgullosa hija arrodillarse, incluso sabiendo que estaba planeado, Isidro sintió un dolor agudo en el corazón, maldiciéndose a sí mismo, pues él pensaba que su incapacidad había llevado a su hija a esa humillación.

Ingrid, con el rostro tenso de ira, pensó que si la suavidad no funcionaba, recurrirían a la fuerza.

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