Maxi iba adelante, pero discretamente siempre estaba atento a Arlet y si veía que a ella, algo o alguna decoración le interesaba, su paso se volvía más lento.
Bruno y Félix también miraban a su alrededor, no querían parecer tan deslumbrados como lo estaría una persona común en un lugar tan extravagante, pero el castillo era tan lujoso y muchas de sus decoraciones y estilos se habían mantenido por cientos de años, que no podían evitar querer mirar un poco más.
Ya habían llevado el equipaje a sus habitaciones, y al ver el interés de ella por la hacienda, Maxi le dijo: "Te llevaré a dar un paseo."
"Por supuesto." Dijo Arlet, pues a pesar del cansancio, para ajustar su reloj biológico, tenía que mantenerse despierta con otras actividades.
Bruno vio cómo Arlet se iba con Maxi y se apresuró a seguirlos, pero apenas levantó el pie, el mayordomo, sonriendo, se puso delante de él y le informó: "El señor Velasco nos ha pedido preparar un servicio de SPA para ustedes, así pueden aliviar el cansancio del viaje."
"No, no es necesario. Yo..." Antes de que Bruno pudiera rechazarlo, fue llevado por varias mujeres rubias y de ojos azules que sonrientes, lo guiaron hacia otro sitio.
Bruno miraba hacia atrás, viendo cómo Maxi llevaba a Arlet al segundo piso.
En la segunda planta, el pasillo estaba cubierto con una gruesa alfombra y las paredes adornadas con pinturas en las cuales predominaban vibrantes colores, algunas de las cuales le resultaban familiares a Arlet.
"¿Esa pintura no es 'Aflicción' de Benigno Gómez?" Preguntó Arlet y Maxi respondió: "Sí."
"No me dirás que es la original, ¿o sí?" Indagó Arlet.
"La compré hace unos años." Dijo Maxi tras un breve momento de reflexión.
"Esas otras pinturas también me parecen conocidas." Comentó Arlet e incapaz de contener su curiosidad, preguntó: "¿Todas son originales?"
"Sí." Con una sola palabra, Maxi logró que Arlet sintiera el esplendor dorado de todo el pasillo, pues sumando las otras pinturas también de aspecto familiar, seguramente entre todas ellas había invertido una cifra de dinero inimaginable.
"¿Quieres intentarlo?" Preguntó Maxi una vez más.
"Claro." Dijo Arlet, quien nunca había montado a caballo. Ella, por necesidad, había conducido autos clandestinos, pero jamás había montado a caballo.
"Traigan el que compramos este año." Maxi dio la orden y pronto, el encargado de la caballeriza trajo un caballo marrón, más pequeño en estatura y con un mechón de pelo blanco en su frente.
"¿Cómo se llama?" Indagó Arlet y Maxi le dijo con una sonrisa: "Aún no tiene nombre, tú dale uno."
Arlet miró al pequeño caballo marrón y dijo riendo: "Siempre he visto en la tele que si un caballo tiene una marca especial en la frente, se llama Rayo o algo similar. Esta marca parece un rayo, ¿qué tal si lo llamamos así?"
Aunque el nombre era un poco común, le quedaba bien.

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