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El Karma romance Capítulo 583

Avanzaron y abrieron el maletín negro que llevaban consigo, conectándolo al candado inteligente. Sus dedos volaban sobre el teclado hasta que se escuchó un "clic", y así, uno de los diez candados inteligentes más seguros fue abierto. Empujaron la puerta y alguien entró primero a la habitación, desactivando la alarma del almacén. Cuando terminó, hizo una señal de "OK" hacia las personas afuera. Ese conjunto de movimientos fue realizado con tal fluidez que parecía cosa de todos los días. Arlet había visto escenas similares en películas, pero presenciarlo en persona le despertó un gran interés, sintiendo un fuerte deseo de intentarlo.

“Son increíbles.” Exclamó Arlet.

Maxi, con la mirada baja, notó la admiración en sus ojos y no pudo evitar decir: “¿Quieres aprender?”

“¿De verdad puedo?” La propuesta no pudo ser más oportuna. Tener una habilidad más significaba una garantía adicional para sobrevivir, algo que Arlet llevaba grabado en los huesos desde que tenía memoria.

Al escuchar eso, Rex no pudo contenerse: “No necesitas aprender de ellos, con nuestro jefe basta. En cuestión de abrir cerraduras, si él es el segundo, nadie se atreve a ser el primero.”

Una vena en la frente de Maxi se tensó visiblemente, lanzándole una mirada sombría a Rex. ¡Le había robado la línea!

Rex sintió el escalofrío de esa mirada mortal y decidió no decir nada más. Arlet los miraba sorprendida.

“Yo puedo enseñarte.” Maxi dijo sonriendo y no se olvidó de agregar: “Sin cobrarte.”

“Trato hecho.”

“Perfecto.” Maxi, al ver su rostro inocente, no pudo evitar pellizcarle la mejilla.

El grupo entró al almacén y al verlo lleno, todos mostraron una expresión de asombro, pensando que podría fundarse un pequeño museo con lo que había allí.

Los objetos en el almacén provenían mayormente de México, y muchos eran piezas únicas.

Con un gesto de Rex, todos comenzaron a empaquetar y organizar los objetos con eficiencia, llevándolos fuera uno a uno.

Arlet, observando sus movimientos, no pudo evitar pensar si acaso harían eso a menudo. ¡Qué idea tan aterradora!

Maxi, viendo su expresión desconcertada, supo de inmediato que su imaginación estaba corriendo.

“¿Ves algo que te guste?” Le preguntó Maxi.

Arlet negó con la cabeza, penando que esos objetos no le interesaban.

Aunque trabajaron rápido, les tomó casi una hora vaciar el almacén. Justo cuando todos se preparaban para retirarse, Maxi ordenó entrar en un segundo almacén. Al llegar, el contenido volvió a dejarlos a todos boquiabiertos. Además de artefactos mexicanos, había objetos de civilizaciones antiguas como la egipcia, la china o la persa.

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