¿Cómo era posible que él estuviera allí?
Maxi, con sus largas piernas, entró en el reservado caminando directamente hacia él mientras lo saludaba: “Alfonso, tiempo sin verte”.
Alfonso se tensó, forzando una sonrisa seca hacia él mientras le decía: “Hola, señor Velasco”.
“¿No se suponía que hoy estarías en el club de carreras?”
Maxi tomó una botella de la mesa, sirviéndose un vaso hasta el tope. Ese vaso, lo deslizó suavemente frente a Alfonso.
Alfonso, mirando el vaso frente a él, lo tomó con manos temblorosas preguntándole: “¿El club de carreras? Ja, no me acuerdo muy bien”.
“¿Ah, sí?” Maxi se recostó, cruzó las piernas, inclinó la cabeza y con una mirada entre burlona y seria observó a Alfonso. Esa mirada hacía que la sonrisa en el rostro de Alfonso se desvaneciera.
Caray, ¿cómo Maxi había terminado allí? Maldita sea, ¿cómo podían importarle esas cosas?
Alfonso, tenso y sujetando el vaso en sus manos bajo esa fría presencia, bebió de un trago el contenido del vaso.
“Todos esos son rumores, no deberías tomarlos en serio, señor Velasco.” Dijo Alfonso entre risas forzadas.
“Alfonso, ¿sabes lo que más detesto?” Maxi preguntó pausadamente.
“¿Q... qué cosa?”
Alfonso tragó saliva silenciosamente, sintiendo un mal presentimiento.
“Detesto a las personas que mienten, aún más que a aquellas que no cumplen su palabra”.
Al terminar de hablar, sus profundos ojos lo observaban fríamente.


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