Yolanda finalmente reconoció a la persona que se acercaba y le dijo: “Señorita Sandell, por favor, ayúdeme.”
Arlet le echó un vistazo, luego observó a ese grupo de hombres musculosos y de mirada feroz, y sin decir una palabra, empezó a caminar hacia adelante.
Yolanda, tirada en el suelo y extendiendo una mano, implorando con una mirada de lástima, se quedó atónita. Los rudos hombres también se quedaron boquiabiertos.
Uno de ellos, incrédulo, dijo: “¿Cómo es que no tiene corazón?”
“¿Será que somos demasiados y le dio miedo?” Opinó otro, discrepando.
Yolanda estuvo a punto de explotar de la ira, pensando que esa mujer realmente se pasaba…
“Balderas, ¿qué hacemos ahora?”
Esa chica simplemente no seguía el guion y su plan se estaba yendo al traste.
Entre dientes, Yolanda dijo: “No me sigan tan de cerca, manténganse unos pasos detrás de mí, ¿entienden? Hasta que no alcance a esa mujer, ustedes no deben alcanzarme.”
Los hombres asintieron seriamente.
Yolanda se levantó de un salto del suelo y salió disparada, apuntando hacia donde estaba Arlet, corriendo como si fuera un cohete. Al sentir movimiento detrás de ella, Arlet giró la cabeza como si tuviera ojos en la nuca.
Cuando Yolanda se lanzó para abrazarle las piernas, Arlet la esquivó con un rápido movimiento, dejando que la otra pasara de largo y acabara estrellándose contra el suelo, en una caída vergonzosa. Dolor, dolor y dolor era todo lo que sentía… Las lágrimas de Yolanda estaban a punto de brotar, pensando que esa mujer definitivamente lo había hecho a propósito. ¡Qué rabia sentía Yolanda!
Los hombres, llegando tarde, rodearon a las dos mujeres y Arlet los miró, algo incrédula. Al parecer la habían elegido a ella.
“Abran paso.”
“Si me pides que me haga a un lado, ¿dónde queda mi orgullo?” Dijo uno de los hombres, con tono amenazante.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Karma