Luz dijo con cuidado: "Hermano, entonces tienes que conseguirle una entrada a Arlet. Así todos podremos ir juntos al concierto."
Viendo a Luz, siempre considerada y pensando en Arlet, Joel se sintió tanto aliviado como compadecido y por tanto, comentó: "No te preocupes por eso."
Arlet dejó sus cubiertos.
"¿Arlet, estás molesta?"
Su rechazo lastimó un poco a Luz, quien con una expresión de dolor, le extendió la entrada al concierto y le dijo: "Entonces, toma esta entrada."
Arlet observó el acto de Luz con desdén en su corazón, mientras que a Joel le dolía en el alma presenciar todo eso. ¿Cuándo fue que su querida Luz se había vuelto tan cautelosa en complacer a alguien? La persona enfrente ni siquiera lo apreciaba, por lo que al pensar en el sufrimiento y la angustia que Luz había tenido que soportar durante su ausencia, su corazón se retorcía de dolor, mientras pensaba que si sus padres no la cuidaban, desde ese día en adelante, él sería el protector de su hermana.
"Luz, si ella no lo aprecia, no tienes por qué dárselo."
Joel quería llevarse bien con Arlet, pero ella era demasiado descarada. Siendo ambas hermanas, una era comprensiva al punto de partir el alma, mientras que la otra carecía totalmente de educación. Entre las dos, cualquiera preferiría a la primera. En cuanto a la segunda, simplemente no podía verla como a una hermana.
"Arlet." Diego la llamó con un tono de desaprobación e Irene suspiró y con una expresión de resignación, dijo: "Arlet, mamá entiende que estás molesta, pero esto no tiene nada que ver con Luz. Son hermanas, por lo tanto, deben amarse y cuidarse, ¿entiendes?"
Diego empezó a favorecer más a Arlet, pues al ver la cara de Luz roja de vergüenza y la expresión furiosa de Joel, frunció el ceño ligeramente, mientras pensaba que no podía permitir que Joel y Luz pasaran mucho tiempo juntos, para de esa forma evitar que aquella pequeña mentalidad afectara a Joel, el cual se sentía avergonzado y furioso por la reprimenda, sin darse cuenta de que Diego ya estaba insatisfecho con él. Lo que menos sabía era que su posición como heredero de la familia Monroy estaba a punto de desaparecer y el sustento de la familia, el Grupo Monroy, también estaba en peligro de colapsar.
La mejor manera de vengarse de alguien no era eliminándolo de un golpe, sino destruyendo completamente lo que más apreciaba.
En ese momento, Arlet, quien estaba sola y sin apoyo, no podía hacerlo, pero pensó en un refrán que bien decía: "todo llega a su debido tiempo".
Poco a poco, carcomiendo y devorándola, finalmente la familia Monroy caería.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Karma