Entrar Via

ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 157

—En el estacionamiento —respondió Felisa con calma—. Surgió un pequeño problema.

—¿Qué problema? —Yahir se levantó de inmediato y caminó hacia la salida. Rodrigo lo siguió apresuradamente.

—Me encontré con alguien que no entra en razón. Me está obligando a firmar un acuerdo de confidencialidad —dijo Felisa con un suspiro—. Dice que si no firmo, no me dejará ir.

Yahir soltó una carcajada.

—¿Y eso? ¿La agarraste con las manos en la masa cometiendo un crimen?

—Tampoco es para tanto. Solamente vi a una celebridad abofeteando a alguien. Tiene miedo de que abra la boca y arruine su preciada reputación.

Al ver que Felisa hablaba por teléfono como si nada, Vanessa le gritó a su asistente:

—¡Quítale el teléfono de una buena vez!

Sandra se abalanzó para arrebatárselo, pero Felisa se apartó rápidamente y le dio una patada en la cintura, derribándola.

—¡Ayy!

Al escuchar el escándalo por teléfono, Yahir aceleró el paso; su rostro se volvió sombrío de inmediato.

—Feli, ¿estás bien?

—Todo en orden.

—No cuelgues.

Las puertas del ascensor se abrieron e Ignacio salió, seguido por el gerente.

Al verlo, Vanessa rompió en llanto y se arrojó a sus brazos.

—¡Nacho, tienes que hacer algo! Se atrevió a atacarme aquí, en tu propio negocio... ¡Esto es una falta de respeto hacia ti!

Ignacio la abrazó por los hombros. Sus oscuros y penetrantes ojos se posaron en Felisa, y un destello de asombro brilló en su mirada por un segundo.

¿Había mujeres tan hermosas escondidas en Santa Fe?

Siempre había tenido debilidad por las mujeres bonitas.

Felisa la observó en silencio.

Lucía dudó por un momento, pero apretó los puños, tomando una decisión.

—Señor Casal, es verdad lo que dice. Yo vine a trabajar al club, pero ella empezó a acusarme de querer seducirlo. Traté de explicarle, pero no me quiso escuchar y me dio una bofetada. Esta señorita iba pasando, y ella la obligó a firmar ese documento, usando el nombre de usted para asustarla.

—¡Lucía, cierra la boca! —Vanessa no esperaba que se atreviera a delatarla.

Ignacio le dedicó a Vanessa una mirada furtiva, con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Solo eso bastó para que Vanessa sintiera cómo el frío le recorría el cuerpo, como si le hubieran echado un vaso de agua helada en la cara.

Ella se aferró a su cintura, sollozando con lágrimas de cocodrilo.

—Nacho, todo fue porque me importas demasiado... Además, yo estoy contigo. Tú dijiste que me protegerías sin importar lo que hiciera...

—Yo solo le pedí que firmara el acuerdo, pero ¡fue a mí a la que atacaron! Si me golpean a mí, es como si te faltaran al respeto a ti... buuu...

La mirada de Ignacio se oscureció, brillando con una luz peligrosa.

—Esto fue culpa de Vanessa. Pídele disculpas y que esto se acabe aquí.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA