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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 172

El rostro de Felisa Valenzuela se sonrojó.

—Sí. ¿Y mi ropa?

Había mirado por toda la habitación pero no encontraba la ropa que traía puesta la noche anterior.

—Le pedí a la empleada que se la llevara a lavar.

—¿Y entonces qué me pongo?

—Ve al vestidor y elige algo.

Felisa se quedó perpleja un momento, luego se dio la vuelta y caminó hacia el enorme vestidor.

Los armarios estaban repletos de la nueva colección de otoño, todavía con las etiquetas puestas.

Una chispa de sorpresa brilló en sus grandes ojos.

—¿Cuándo preparaste todo esto?

—La semana pasada.

—¿No temías que no quisiera venir a vivir contigo?

—Eres mi mujer. Si no vienes a vivir conmigo, ¿a dónde más irías?

Yahir Hernández estaba de excelente humor.

—Baja a desayunar algo. Al mediodía mandaré a alguien a la casa de los Valenzuela para recoger tu equipaje.

—Yo iré a recogerlo. Aún no le he dicho a mi papá que voy a vivir contigo.

Solo le había dicho que se mudaba para vivir sola.

—¿Temes que el señor Valenzuela no esté de acuerdo?

—Mi papá es un hombre muy tradicional, no le parece bien eso de vivir juntos antes de casarse...

—Entonces, si nos comprometemos, ¿supongo que ya lo aceptaría?

—¿Eh?

—Hay que buscar un tiempo para que ambas familias se reúnan a cenar y hablen sobre nuestro compromiso. ¿O prefieres ir directo al grano y que nos casemos de una vez?

Felisa se quedó de piedra y se apresuró a decir:

—No hay prisa, vamos paso a paso.

Apenas estaban conociéndose. Aunque se llevaban muy bien y la química era innegable, aún les faltaba construir una base sólida para su relación, por lo que necesitaban pasar más tiempo juntos para acoplarse.

El matrimonio es una decisión para toda la vida y hay que tomarla con muchísima cautela.

—¿No te quieres casar conmigo? —preguntó Yahir Hernández recostándose en el sofá, con la mirada profunda.

—No es eso, solo quiero que pasemos más tiempo cultivando nuestra relación...

Ella siempre había sido de las que se tomaban las cosas con calma. Si no fuera por la trampa que le había tendido Isabella Quintana, jamás habrían avanzado tan rápido en su relación.

Como la noche anterior había llegado en el auto de Yahir Hernández, no le quedó más remedio que ir al garaje a buscar uno.

Al ver que todo el estacionamiento estaba lleno de autos de lujo, se sintió un poco abrumada.

Finalmente, eligió el coche menos ostentoso —que aún así valía una fortuna— y salió.

Primero se dirigió al Hotel Real para visitar a Bianca Valenzuela.

Pero jamás imaginó que se encontraría con Alfonso Lozano en el hotel.

—Felisa, ¿viniste a buscarme?

Al verla, los ojos de Alfonso brillaron de esperanza.

Se había afeitado, pero su apuesto rostro lucía mucho más delgado; tenía los ojos hundidos con ojeras oscuras y una fatiga inocultable en su mirada. Se veía extremadamente demacrado.

Felisa frunció el ceño instintivamente y, en cuanto él dio un paso hacia ella, retrocedió sin pensarlo.

Alfonso se detuvo y la miró fijamente con sus ojos oscuros.

—Felisa, aunque ahora tengas novio, no me voy a dar por vencido. Sé que me equivoqué de la peor manera y traicioné tu amor sincero. Pero desde el principio, la única mujer a la que he amado eres tú...

—Cuando termines con él, ¿podrías darme una oportunidad para conquistarte de nuevo?

—Tomémoslo como que estamos a mano. Olvidemos el pasado y empecemos de cero, ¿te parece?

Entre líneas, le estaba diciendo que perdonara su infidelidad y que a él no le importaba que ella hubiera estado con otro hombre.

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