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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 174

Bianca no se hizo de rogar; tomó el corrector y comenzó a cubrir los últimos rastros de los moretones en su rostro mientras buscaba sacarle plática.

—¿Cuándo cambiaste de auto?

Si no le fallaba la vista, ese coche debía costar más de millón y medio.

Felisa siguió conduciendo y respondió:

—¿Qué pasa? ¿Acaso crees que este auto me lo compró papá y que tiene preferencia por mí?

—... —Bianca se quedó sin palabras y prefirió callar.

De verdad que no lo había pensado así.

Pero tampoco tenía ganas de darle explicaciones.

Definitivamente, Felisa seguía siendo tan insoportable como siempre.

Felisa tampoco hizo el intento de explicarse; no le importaba en lo más mínimo si la malinterpretaba.

El vehículo se estacionó frente a la mansión de los Valenzuela y ambas se bajaron.

Lorena Silva estaba en el jardín cuidando de sus hibiscos. Al escuchar el ruido, levantó la mirada.

En cuanto vio a Bianca, corrió hacia ella.

—Bianca, ¿dónde estuviste estos días? ¿Por qué no podía comunicarme contigo?

Era la preocupación más genuina que solo una madre puede tener.

Si su propia madre siguiera viva, tal vez ella también recibiría los mismos cuidados cariñosos que Bianca.

—Fui a la montaña y casi no había señal... —dijo Bianca y luego miró hacia Felisa, notando que ya había entrado a la casa.

—Ay, mija, ¿cómo te vas a la montaña sin avisar? ¿Sabes lo angustiada que estaba? —susurró Lorena—. Ahora que Felisa entró a la empresa y tiene un puesto más alto que tú, si quiere...

Antes de que pudiera terminar la frase, Bianca la interrumpió:

—Mamá, Felisa no haría algo así.

Lorena se quedó helada.

—¿Cómo la llamaste?

—Es la verdad, ¿no? —Bianca la tomó del brazo y cambió de tema rápidamente—. Ya te regresé el dinero que me enviaste. Es mejor que uses estos días para saldar lo de la hipoteca y los préstamos.

—¿No compraste las gemas en bruto? ¿O fue el Sr. Valerio quien se echó para atrás?

—Nada de eso. Es un estafador. Solo quería sacar dinero para cubrir sus propias deudas. Menos mal que me di cuenta a tiempo, o esos doscientos millones se habrían ido a la basura.

Al recordar a Quintín Valerio, una mirada de profundo odio se reflejó en los ojos de Bianca.

Justo en ese momento, vieron a Felisa salir cargando una maleta.

Apenas y tuvo tiempo para tomar un respiro cuando recibió la llamada de un número desconocido.

—Señorita, soy yo.

—¿Quién habla?

La voz le resultaba familiar, pero no lograba ubicar de dónde la conocía.

—La vez pasada en el Club Altamira, usted me prestó cien mil pesos. Gracias a usted, la operación de mi abuelita hoy fue todo un éxito —dijo la joven con una alegría que no podía ocultar.

Felisa la recordó de inmediato y se alegró genuinamente por ella.

—Me da mucho gusto. Cuida mucho de tu abuela.

Ella misma nunca había tenido la oportunidad de conocer a la suya.

—Sí. En cuanto mi abuelita se recupere y le den el alta, buscaré trabajo para devolverle todo el dinero.

—No hay prisa. Págame cuando tengas una mejor situación económica.

La chica le dio las gracias innumerables veces antes de colgar.

Por la tarde, Felisa fue a la oficina y estuvo atareada por un buen rato. Cuando ya estaba atardeciendo, recibió una llamada de Yahir Hernández.

—Baja.

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