Entrar Via

ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 188

Yahir se dirigió a Julián con una mirada profunda.

—Dale una oportunidad. Quizá les devuelva un milagro.

Julián apretó los labios y luego asintió con determinación.

—Papá, mamá... Yahir tiene razón. La abuela ya está en el límite; las cosas no pueden empeorar. Yo confío en ella. Y si no confían en ella, confíen en Yahir.

¿Qué clase de personas despertarían a media noche y cruzarían la ciudad solo para meterse en problemas ajenos?

El simple hecho de que Yahir y Felisa hubieran estado dispuestos a ayudarlos era algo digno de gratitud.

En el interior de la habitación, Felisa no tenía idea del conflicto que se desarrollaba en el pasillo. Estaba completamente absorta en su tarea, sin apartar los ojos del cuerpo de la anciana ni por un segundo.

Sus nervios estaban a flor de piel. Aparte de su maestro, nunca había tratado a un paciente real. Una fina capa de sudor cubría su frente mientras la tensión la embargaba.

Pero cuando insertó la última aguja con precisión absoluta, el milagro ocurrió.

La respiración de doña Beatriz comenzó a estabilizarse de manera asombrosa. Su pecho, que antes apenas se movía, subía y bajaba con un ritmo suave pero constante. El tono cadavérico de su rostro fue cediendo ante un ligero rubor cálido, y sus extremidades frías recobraron temperatura.

Felisa contuvo la respiración.

Al segundo siguiente, los párpados de la anciana temblaron y tragó saliva con pesadez. De pronto, tosió con fuerza y expulsó una pequeña cantidad de sangre oscura y coagulada.

La sangre tóxica que bloqueaba sus arterias había sido liberada, y la circulación sanguínea se restableció de golpe, llevando vitalidad a cada rincón de su cuerpo.

Felisa exhaló largamente, sintiendo que el nudo en su estómago desaparecía.

¡Lo había logrado!

Tomó un pañuelo limpio y limpió con delicadeza la comisura de los labios de la anciana, hablando con un tono suave y reconfortante.

—Doña Beatriz, ¿cómo se siente?

—Abuela, ¿cómo te sientes? ¿Te duele algo? —preguntó Julián, apresurándose hacia ella.

Intentando mantener la calma, Julián le ordenó al equipo médico que ingresara y realizara una evaluación exhaustiva de inmediato.

Tras revisar los monitores y realizar las pruebas correspondientes, los rostros de los prestigiosos especialistas se desfiguraron por la sorpresa. Revisaron los datos una y otra vez, mirando las pantallas como si estuvieran presenciando un fenómeno paranormal.

El pulso de la mujer, que momentos antes era indetectable, ahora latía fuerte y constante. La gráfica del monitor cardíaco, que amenazaba con convertirse en una línea recta permanente, dibujaba picos saludables y rítmicos. Todos sus signos vitales estaban regresando a la normalidad.

Incluso el bloqueo coronario severo que llevaba años desgastándola y que el equipo de élite jamás pudo resolver, había desaparecido. Sus arterias estaban completamente despejadas, restaurando la circulación de manera natural y devolviéndole la vitalidad perdida.

—Esto es increíble... ¡Sencillamente increíble! El bloqueo coronario crónico ha desaparecido. Habíamos intentado las cirugías y los medicamentos más invasivos sin éxito, ¡y ahora todo su flujo sanguíneo es óptimo! ¡Se está recuperando a una velocidad vertiginosa!

El jefe del equipo médico volteó a ver a Felisa. Su mirada, que antes destilaba escepticismo e ironía, ahora irradiaba un respeto casi sagrado.

—Señorita... le ruego que me lo diga, ¿cómo demonios logró hacer esto?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA