—¿Quién no se topa con un par de idiotas a lo largo de su vida? Por suerte no perdí nada importante, de lo contrario, el señor Hernández no habría tenido la oportunidad de quedarse con el premio.
Yahir recordó aquella noche caótica y la evidente marca roja en las sábanas a la mañana siguiente. Tragó saliva con pesadez.
—¿Acaso la señorita Valenzuela olvidó que también era mi primera vez?
Felisa se quedó sin palabras.
Al observar los hermosos rasgos del hombre tan cerca de ella, la locura y la pasión de la noche anterior pasaron por su mente, y su corazón volvió a desbocarse sin control.
—Dijo que no se rendiría contigo. ¡Que vendrá a Santa Fe para una batalla larga! Y que esperará a que terminemos para reconquistarte.
Ese discurso tan arrogante y ridículo definitivamente era típico de Alfonso.
Yahir soltó una carcajada llena de sarcasmo. —Lo perdió absolutamente todo. No sé de dónde saca la audacia para creer que volverías a su lado.
—¡Ignóralo! Hay personas que nacen ciegamente seguras de sí mismas y no escarmientan hasta que se estrellan contra la pared.
—Felisa, cuando volvamos a Santa Fe, comprometámonos.
No era una pregunta, era una afirmación.
Anteriormente, él le había mencionado que buscaría el momento adecuado para hablar de su compromiso, pero nunca lo había formalizado en la agenda.
Ella pensaba que vivir juntos un tiempo ayudaría a nutrir la relación, y que el compromiso llegaría de forma natural.
—¿Decidiste comprometerte conmigo porque sus palabras te provocaron y quieres demostrarle quién manda, por mero ego masculino, o porque realmente quieres hacerlo?
—¿De verdad crees que me importa un tipo como él? —Él entrelazó sus dedos con los de ella, apretando su agarre—. Obviamente, es porque lo deseo. Por eso quiero que formalicemos nuestro compromiso cuanto antes.
Él temía, genuinamente, que los lloriqueos y ruegos de Alfonso la hicieran ablandarse y que la engañara de nuevo.
¡Si eso pasara, él se volvería loco!
Felisa esbozó una sonrisa dulce. —Está bien. Cuando regresemos, le daré la noticia a mi papá.
Una relación verdadera no se trata del tiempo que pasen juntos, sino de la sinceridad, la conexión entre dos almas y la comprensión mutua.
¡Ella sentía que Yahir era el hombre que el destino le había preparado!

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