Felisa asintió con una sonrisa. —Descanse bien.
En el trayecto de regreso al hotel, Felisa mencionó lo que el anciano le había comentado.
—El abuelo Francisco me dijo que el señor Calderón tiene una esposa muy joven. ¿A ustedes los hombres les gustan todas así, jovencitas?
Felisa tenía veintitrés años; aunque no se consideraba mayor, si la comparaban con una estudiante recién graduada de dieciocho o diecinueve años, definitivamente no era ninguna adolescente.
—¿Acaso di en el clavo?
—No sé los demás, pero yo no me fijo en la edad. Yo me fijo en la conexión.
—¡Pero me llevas siete años de diferencia!
—¿Me estás llamando viejo?
—Solo señalo lo obvio.
Yahir le tomó la mano, hablando con voz grave: —Ser mayor tiene sus ventajas. Por ejemplo, los hombres mayores sabemos cómo cuidar y consentir a una mujer. ¿Qué sabrá un novato sobre eso?
—Qué excusa. También hay personas jóvenes con un carácter maduro.
—¿Entonces te arrepientes? ¿Quieres botarme y buscarte a alguien más joven? —La expresión del hombre se oscureció y le apretó la mano con más fuerza.
—¡Para nada! Solo hablo en teoría, ¿por qué te pones a la defensiva?
—Incluso si te arrepientes, es muy tarde. Ahora eres mía, y jamás te dejaré ir con otro hombre. Además, dudo mucho que uno de esos niñatos tenga mi habilidad para dejarte tan satisfecha.
La había buscado y esperado por tantos años, ¿cómo podría soltarla así como así?
A menos que ella lo rechazara... y aun así, no se daría por vencido.
Las mejillas de Felisa se tiñeron de rojo. ¡Prefería fingir que no había entendido el doble sentido de ese sinvergüenza!
Durante los siguientes días, Yahir la llevó a recorrer todo Puerto Real.
Subieron al Pico de la Paz para admirar la ciudad desde las alturas, tomaron el Transbordador Estrella para cruzar la bahía, caminaron por el Paseo de la Gloria, usaron los Elevadores del Mirador, visitaron las exposiciones en el centro cultural, pasearon por el Mercado del Puerto, y se tomaron fotos en el Edificio Monolito y el Malecón de San Pedro.
Como cualquier pareja profundamente enamorada, caminaron por calles y callejones, disfrutando de la simple magia de estar juntos.

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