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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 220

—Me parece perfecto. Avisame cuando lo tengas todo organizado —Yahir miró la hora en su reloj—. Ya es hora. Tenemos que irnos al aeropuerto.

Una vez en el auto, Felisa sonrió. —Señor Calderón, por favor dígale a Bárbara que nos despedimos.

Fernando asintió levemente con la cabeza.

Al caer la tarde, finalmente aterrizaron en Santa Fe.

Pablo Quiroga ya los estaba esperando en el aeropuerto.

Al verlos salir, se acercó rápidamente, tomó el equipaje y lo guardó con agilidad en la cajuela.

—¡Señor Hernández, señorita Valenzuela, suban!

Mientras el auto avanzaba por la avenida, Pablo habló. —Señor Hernández, Cristóbal Castillo ya regresó.

—Entendido.

Al notar la mirada confundida de Felisa, Yahir le explicó con calma.

—Cristóbal es mi asistente.

—¿Y Pablo?

—Señorita Valenzuela, yo soy el chofer y guardaespaldas del señor Hernández.

Ella siempre creyó que Pablo era su asistente personal, pero resultó que había alguien más para ese puesto.

En ese momento, Felisa recibió una llamada de Camila Méndez.

—Felisa, ya llegué a Santa Fe.

—¿En dónde estás? Mandaré a alguien a recogerte.

—No es necesario. Pásame la dirección y tomo un taxi para allá.

Felisa miró por la ventana los tonos cálidos del atardecer; ya se estaba haciendo algo tarde.

—Ve directamente al Hotel Real en taxi, y mañana te presentas en las oficinas de la empresa Valenzuela para buscarme.

Al colgar, notó que Yahir la observaba con esos ojos oscuros y profundos.

Apretó los labios, desafiante. —¿Tú puedes tener asistente y guardaespaldas, y yo no puedo contratar a una persona?

—¿Llevas todo este tiempo en la empresa y no tienes ni un asistente?

—He estado demasiado ocupada y no había tenido tiempo para buscar uno. Xavier me ha estado ayudando con todo.

A pesar de que ya había pasado una semana, el misterio sobre la verdadera identidad de la médica milagrosa seguía encendiendo las redes.

Todos en internet intentaban averiguar quién era, y la Asociación de Medicina Tradicional de Santa Fe estaba monitoreando el asunto de cerca.

Gonzalo Vicuña, el presidente de la Asociación, incluso había visitado a Julián Serna en repetidas ocasiones para intentar sonsacarle quién era el genio detrás de la recuperación milagrosa.

Pero siempre regresaba con las manos vacías.

Definitivamente, la fama atraía problemas.

Por fin comprendió por qué su mentor, al retirarse, decidió renunciar a todo, esconderse en el Monte Serena y alejarse por completo de los asuntos mundanos.

—Con este escándalo, el último rastro de prestigio que le quedaba a los Valenzuela fue completamente destruido.

La voz grave y magnética del hombre sonó muy cerca de su oreja, y su aliento cálido le rozó la piel.

—¡¿Cómo es que caminas sin hacer ruido?!

La hizo saltar del susto.

—Estabas tan concentrada que ni me escuchaste llegar.

Yahir se inclinó, apoyando la barbilla en su hombro. —Martina tenía talento para la acupuntura, y en los últimos dos años había construido una buena reputación. Con el respaldo de su abuelo, don Lorenzo Valenzuela, estaba a punto de ingresar a la Asociación de Medicina Tradicional, pero tras este escándalo, le cerraron las puertas definitivamente.

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