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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 225

Felisa se quedó perpleja por un segundo antes de soltar una pequeña risa.

—Para un médico, los pacientes no tienen género. Solo estaba ayudando a una amiga... ¿De verdad el poderoso señor Hernández se va a poner celoso por algo tan trivial?

—No me gusta que toques a otros hombres.

La voz de él era profunda, envuelta en una posesividad absoluta que no dejaba espacio a discusión.

A Felisa, por alguna razón, esa actitud obstinada le pareció tan adorable que levantó la mano para acariciarle suavemente la mejilla.

—A mis ojos, cualquier otro hombre que no seas tú es como un perrito o gatito callejero herido. Además, salvar una vida trae buen karma.

Esa explicación pareció complacerlo, alisando por completo el mal humor de su corazón.

—La próxima vez que ocurra algo así, dímelo y yo enviaré a alguien a solucionarlo.

—De acuerdo —respondió ella, dándole por su lado con una sonrisa dulce—. ¿Ahora sí puedo ir a bañarme?

—Te ayudaré.

Antes de que pudiera procesar las palabras, Yahir la levantó en brazos sin esfuerzo y caminó a paso firme hacia la habitación.

Felisa soltó un ligero jadeo, aferrándose por instinto a su cuello. Cuando entendió a qué se refería, su rostro se tiñó de pánico y rubor.

—Yo puedo hacerlo sola...

Si él la "ayudaba", ella terminaría aún más cansada.

Pero sus protestas fueron completamente inútiles.

Para cuando finalmente la sacó de la bañera, el cuerpo de Felisa estaba tan suave y exhausto que apenas tenía fuerza para levantar un brazo.

Yahir, en cambio, lucía increíblemente satisfecho y lleno de energía. La acostó suavemente en la cama y le dio un beso en la mejilla ruborizada.

—Buenas noches.

...

Adriana Castro tuvo una pesadilla horrible.

Soñó que un grupo de hombres armados y con caras de pocos amigos la perseguía sin piedad hasta acorralarla al borde de un precipicio.

Con expresiones sádicas, le exigían que entregara al hombre que había rescatado.

Ella se negaba a pesar de la amenaza.

El líder del grupo levantaba su arma y disparaba. La bala le atravesaba el pecho, su cuerpo perdía el equilibrio y caía hacia el abismo infinito.

—¡¡No!!

Abrió los ojos de golpe, agarrándose el pecho mientras jadeaba con fuerza. Tenía la frente empapada de sudor frío.

Al reconocer las paredes familiares de su sala, soltó un suspiro de alivio, pero de pronto, su mirada chocó con un par de ojos oscuros, afilados y profundos como un abismo.

Capítulo 225 1

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