A veces, Felisa sentía que su cuerpo no iba a soportar tanto ritmo.
Yahir pegó sus labios al oído de ella y le susurró: —Tomaré eso como un cumplido de la señorita Valenzuela por mi gran destreza.
Él era un hombre adulto que había vivido como un monje durante muchísimos años. Ahora, teniendo a semejante mujer de curvas irresistibles entre sus brazos, ¿cómo esperaba que no se dejara llevar por la pasión?
Y más aún, siendo la mujer que había amado durante tanto tiempo.
Desde el preciso instante en que la encontró y cruzaron miradas, él solo deseaba...
Felisa rodó los ojos, fastidiada. —Nadie te está haciendo cumplidos, deja de ser tan arrogante.
—Tus palabras dicen una cosa, pero tu cuerpo dice otra.
La tomó por la barbilla y bajó la cabeza para besarla.
Cuando el beso terminó, ella volteó la cara, respirando agitadamente.
—¡Ni siquiera me he lavado los dientes!
—No me importa, a mí me encantas así.
Dicho esto, una lluvia de besos cubrió su piel y su conciencia empezó a nublarse, dejando que el hombre hiciera lo que quisiera con su cuerpo.
Entre juegos y caricias, pasó otra hora entera en la cama.
Después del desayuno, Yahir la llevó personalmente a la empresa.
Felisa estuvo atestada de trabajo hasta el mediodía, y luego fue al hospital a visitar a Luciana.
—Presidenta Valenzuela.
Luciana hizo el amago de sentarse, pero Felisa le presionó suavemente los hombros para impedirlo.
—Quédate acostada, no te levantes —La mirada de Felisa se dirigió al yeso en su pierna—. ¿Cómo te sientes?
—Es soportable, el verdadero problema es que tendré que retrasar todo el trabajo.
—La salud es lo primero, dedícate a sanar sin preocupaciones.
—Sí... anoche Sandra vino a buscarme.
Felisa alzó una ceja, esperando a que continuara.
—Dijo que ella lo planeó todo. Se arrodilló, se disculpó y me rogó que no la demandara —Luciana hizo una pausa y luego murmuró—. Y acepté.
...
A la mañana siguiente, muy temprano, Sandra recibió una notificación del Departamento Legal de Estelar Media con los costos de la indemnización.
Al ver la cifra final, el mundo le dio vueltas y sintió que se desmayaba.
¡5.6 millones de pesos!
Llamó a Vanessa sin perder un segundo.
—Vanessa, acabo de recibir la notificación de la empresa con lo que tengo que pagar...
Sin dejarla terminar, Vanessa la cortó, impacientada.
—Fuiste incapaz de hacer el trabajo bien, ¡¿y todavía tienes la desfachatez de llamarme para que yo saque el dinero y te limpie tus porquerías?!
—¡¿Qué quieres decir?! Tú me juraste que te encargarías de todos los gastos. ¿Ahora te vas a echar para atrás y me vas a dejar en la calle?
—Dije que pagaría ese dinero cuando firmara el contrato y me convirtiera en la imagen de Vitti. Pero Luciana ya había firmado el contrato con la familia Valenzuela hace una semana. ¡Ambas empresas lo acaban de anunciar públicamente esta mañana! Tú causaste el desastre, tú arréglatelas.
El cuerpo entero de Sandra tembló por la rabia. —¡Vanessa Rojas! ¡Son más de cinco millones! ¡Ni vendiendo mi alma me alcanzaría para pagar eso! ¡¿Me usaste y ahora te lavas las manos?!

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