Al ver que no regresaba, Adriana salió a buscarla.
La encontró distraída apoyada en la barandilla. La llamó varias veces sin respuesta, hasta que se acercó y le tocó el hombro.
"¿En qué piensas tanto?".
Felisa parpadeó y bajó la mirada. "En nada. ¿Vamos de compras?".
Su ropa de hace tres años ya estaba pasada de moda; era hora de renovar su armario.
Durante los últimos años con Alfonso, para que él no sospechara, casi nunca compraba ropa de marca. Usaba ropa barata; su abrigo más caro apenas superaba las cuatro cifras.
Ahora que habían terminado, ya no tenía de qué preocuparse.
Llevó a Adriana a la tienda de lujo a la que solía ir. El gerente la reconoció de inmediato y la llevó con entusiasmo a la sala VIP.
"Señorita Valenzuela, ¡cuánto tiempo sin verla! Acaban de llegar algunas piezas exclusivas que seguro le encantarán".
Felisa sonrió. "Tráemelas todas".
El gerente se apresuró a atenderlas, llevándoles personalmente las ediciones limitadas y los artículos de la nueva temporada para que los vieran y escogieran.
Eligió lo que le gustó y pagó con su tarjeta.
Al salir de la sala VIP, vieron a Bianca entrar con un hombre.
"Gerente, ¿dónde está el bolso de piel de cocodrilo de edición limitada que le pedí que me guardara?".
Al levantar la vista y ver a Felisa, frunció el ceño de inmediato.
"¡Qué haces tú aquí!".
Felisa la miró con indiferencia y se dirigió al gerente: "Por favor, pida que envíen mis compras a mi antigua dirección".
"Por supuesto".

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