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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 45

La mirada de Julián se clavó en Felisa. Aunque su tono era suave, escondía un claro intento de manipulación.

—Felisa, si me ruegas un poco, podría ayudarte.

En el pasado, Felisa era la diosa inalcanzable de la universidad, idolatrada por muchos.

Julián había sido uno de sus admiradores. Un día, reuniendo todo su valor, se le declaró en la puerta principal de la escuela frente a un montón de gente.

Pero, a pesar de sus palabras llenas de pasión, a ella no le movió ni un pelo. Lo rechazó públicamente sin titubear, convirtiéndolo en el hazmerreír de todo el campus.

Además, se rumoreaba que hace tres años ella había rechazado incluso al poderoso líder de la familia Hernández y huyó de Santa Fe en medio de la noche.

Por culpa de haber ofendido a los Hernández, la empresa de los Valenzuela llevaba años al borde del colapso, completamente estancada.

Él soñaba con bajar a esta diosa de su pedestal y hacerla suya.

Cuando Felisa lo contactó, supo que había llegado su momento.

Los ojos de Felisa destilaban frialdad y en sus labios se dibujó una sonrisa despectiva. —Julián, deja de hacer el ridículo. Hace tres años no me gustabas, ¡y ahora me sigues pareciendo igual de patético!

—¡Perfecto, Felisa! Si esa es tu actitud, no me culpes por olvidar nuestros años de compañeros. —Tras decir esto, Julián vio acercarse a Fabián Castillo y rápidamente levantó la mano para llamarlo.

—Joven Castillo...

Julián se acercó con actitud servil y le susurró algo al oído. Luego, la mirada de Fabián se posó lentamente en el rostro de Felisa.

Bajo la luz de los candelabros de cristal, el rostro de porcelana de la joven resaltaba. Su belleza era tan impactante que dejaba a cualquiera sin aliento.

Fabián, que por lo general no le prestaba mucha atención a las mujeres, pensó que alguien así solo podía existir en los cuentos de hadas.

Era, sin lugar a dudas, un milagro terrenal.

—Joven Castillo, mi hermana... —Bianca hizo una pausa dramática—, no sé qué artimañas tan vulgares habrá usado para entrar, pero no permita que arruine su prestigiosa gala.

Fabián entrecerró los ojos. No era ningún tonto y sabía que esos dos intentaban usarlo como peón en su pleito.

—Si tú pudiste entrar, ¿por qué tu hermana no podría? —Fabián los fulminó con la mirada—. ¿Qué se creen que es este lugar?

Ante la imponente mirada de Fabián, Bianca palideció y buscó ayuda en Julián.

Julián había pensado que, valiéndose de las relaciones comerciales entre sus familias, podría convencer a Fabián de expulsar a Felisa.

Luego él jugaría a ser su salvador, esperando que ella le suplicara de rodillas.

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