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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 47

Las miradas que los invitados dirigían a Felisa estaban cargadas de un desprecio evidente. Era como recibir pequeños alfilerazos que generaban una gran incomodidad.

—Es evidente que no tuvo a su madre para educarla. Tendrá un rostro hermoso, pero sus modales dejan mucho que desear.

—La belleza no da de comer. Lo verdaderamente importante es tener gracia, educación e inteligencia para los negocios. Si la empresa de los Valenzuela termina en manos de esta tipa, la quiebra está a la vuelta de la esquina.

—Pobre de la hermana menor, seguro la empujó al límite para que explotara así en público.

—¡Qué mujer tan sinvergüenza! Después de esto, sigue parada ahí como si nada. Si yo fuera ella, ya habría salido corriendo muerta de vergüenza.

—No te culpo, hermana. Al final del día, compartimos la misma sangre —dijo Bianca, dando un paso adelante y agarrando el brazo de Felisa en un tono de falsa compasión—. ¡Deja de hacer el ridículo y vete a casa ya!

Felisa, en un movimiento rápido, tomó la mano de Bianca y sonrió con malicia. —¿Cuál es la prisa, hermanita? Hace un momento dije que no usabas la cabeza, pero veo que ni siquiera tomaste nota de eso. Si vas a inventar que te empujé, ¿no se te ocurrió revisar si había cámaras de seguridad en el salón?

Señaló discretamente hacia la esquina sureste, donde había una cámara oculta grabando todo.

Estaba disimulada entre la decoración, por lo que era casi imposible verla a simple vista.

Cuando Bianca se lanzó hacia ella para fingir la caída, Felisa no solo la esquivó ágilmente, sino que aprovechó para examinar el entorno, detectando la cámara escondida.

Al seguir la mirada de Felisa, el rostro de Bianca se tornó pálido de golpe. La arrogancia que mostraba segundos antes se esfumó por completo, dejando asomar el pánico en sus ojos.

—Hermana, ¿qué te parece si le pedimos a la administración que revise los videos? Así todos verán si te tiraste sola o si yo te empujé —sugirió Felisa. Su tono de voz era sereno, pero resonó claramente en los oídos de todos—. ¿O acaso armaste toda esta escenita pensando que todos aquí somos idiotas?

Cuando pronunció la palabra "idiotas", hizo un énfasis particular, cargado de burla.

—¡El que nada debe, nada teme!

Bianca trató de mantener la compostura y miró disimuladamente a Julián. Él captó el mensaje de inmediato, retrocedió unos pasos y desapareció entre la multitud.

Todo le quedó más que claro.

Julián notó que ella lo miraba y se apresuró a intervenir con tono suave. —Felisa, ríndete de una vez. Admite lo que hiciste. Conociendo el buen corazón de Bianca, estoy seguro de que no te guardará rencor.

Sin el video de las cámaras, Felisa no tenía cómo demostrar su inocencia.

La gente, que siempre tiende a defender al que parece la víctima, ya se había tragado el cuento de Bianca.

—Enzo, si no haces algo, tu gatita se va a meter en problemas graves.

Rodrigo seguía apoyado en el barandal, sonriendo con diversión.

Fabián, por fin, salió de su estupor.

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