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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 65

Al regresar a la oficina, Felisa echó un vistazo al sofá y detuvo la mirada por un segundo.

—¿Me estabas esperando?

Entró sin prisa y dejó la carpeta sobre su escritorio.

Se sentó en su silla giratoria con toda la calma del mundo.

Alzó una ceja, encontrándose con la mirada ansiosa de Bianca.

—¿Elena firmó el contrato contigo?

—Vaya, así que de eso querías enterarte —respondió ella con otra pregunta—. ¿Tú qué crees?

Lo hacía a propósito, quería ver la cara de desesperación de Bianca por saber el resultado.

—Felisa, ¿de verdad te parece divertido hacer esto?

Bianca se levantó, enfurecida, se acercó a ella y extendió la mano para tomar la carpeta y ver por sí misma.

Antes de que pudiera agarrarla, Felisa plantó la mano firme sobre los documentos.

—Bianca, estamos en la oficina, no en tu patio de juegos. ¡Comórtate!

Al toparse con esa mirada afilada, Bianca se quedó pasmada un segundo, intimidada por su inesperada autoridad.

—Solo tenías que decir sí o no, ¿para qué tanto misterio? Si no lo lograste, no me voy a burlar de ti.

Bianca retiró la mano y se cruzó de brazos.

Si ella misma no había logrado cerrar el trato con Vitti, Felisa, que había estado fuera de Santa Fe durante tres años y no conocía el mercado actual, mucho menos iba a conseguirlo.

Felisa la miró fijamente y dijo con frialdad: —Vete.

—¡Ugh! ¡Eres insoportable!

Bianca se dio la vuelta y salió echando chispas.

Cuando la puerta se cerró, Felisa se frotó las sienes.

Sacó el celular y buscó el WhatsApp de Yahir.

[Sr. Hernández, ¿nos vemos esta noche?]

[Últimamente me he desgastado mucho, no estoy en condiciones de complacer a la señorita Valenzuela. Dejemos la cita para cuando haya recuperado energías.]

Felisa se quedó mirando el mensaje, sin palabras.

¿Cómo podía ese hombre mentir con tanto descaro?

Si siempre era él quien no se cansaba de pedir más, como un lobo hambriento que no ha comido en días.

—Aroma exquisito, notas suaves, cuerpo balanceado y un regusto prolongado.

Ricardo asintió, mirándola con orgullo: —Es muy digestivo y reconfortante, se siente de maravilla al tomarlo. Si te gusta, llévate un par de bolsas.

—Gracias, papá.

—¿A qué venías?

—Ya aseguré los derechos exclusivos de representación de Vitti. Aquí está el contrato, para que lo revises.

Puso la carpeta frente a él.

Ricardo la tomó con duda, pero al terminar de leer, una expresión de asombro se dibujó en su rostro.

—Pero Bianca dijo que...

—No sé cómo Bianca logró contactar a Valente, pero quien firmó conmigo fue Elena, la presidenta de Vitti para Asia-Pacífico. Elena evaluó la propuesta de Bianca diciendo que era pura fachada, sin ninguna viabilidad.

—Bien, ya entiendo. Has hecho un gran trabajo.

—Papá, me gustaría que anunciaras formalmente la firma de este contrato en la junta del lunes.

Si en la empresa creían que ella no era nadie frente a los tres años de “esfuerzo” de Bianca, entonces iba a darles una bofetada de realidad frente a todos.

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