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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 88

—¡Alfonso Lozano, eres un maldito! ¡Te maldigo para que te quedes solo y sin descendencia toda tu vida!

Alfonso no mostró ni un ápice de emoción. Con absoluta frialdad, le arrancó su saco de las manos y observó impasible cómo la metían al quirófano.

Si Felisa no quería criar a ese bebé, entonces simplemente esperaría a que ella lo perdonara, y luego tendrían un hijo de su propia sangre, nacido del verdadero amor.

¡Solo Felisa era digna de llevar a sus hijos!

...

Xavier le había advertido una y otra vez que una señorita de buena familia debía ser recatada y dejar una impresión perfecta en su futuro prometido.

Pero la curiosidad era demasiado grande. Felisa, incapaz de aguantar, se coló silenciosamente en la oficina frente al pasillo directivo. Solo quería echar un pequeño vistazo al famoso hombre de negocios para, al menos, estar mentalmente preparada para la cena de esa noche.

Después de lo que pareció una eternidad, la puerta de la oficina de presidencia finalmente se abrió.

Felisa abrió los ojos de par en par, sin pestañear, clavando la mirada en la puerta y hasta aguantando la respiración por puro instinto.

De repente, una voz chillona y molesta estalló a sus espaldas.

—¡Felisa Valenzuela! ¿Qué demonios haces en mi oficina?

Bianca Valenzuela entró a paso firme, haciendo resonar sus tacones, y la sorprendió infraganti pegada al cristal polarizado, luciendo extremadamente sospechosa.

Al ver que Felisa la ignoraba por completo, Bianca se adelantó, la tomó del hombro bruscamente y le reclamó: —¿Me estás escuchando o estás sorda?

Felisa frunció el ceño con fastidio y se sacudió su mano. —Qué insoportable eres, no tenía idea de que esta era tu oficina.

Solo había buscado un lugar con buena visibilidad para espiar al supuesto prometido divino. ¿Quién iba a pensar que, por azares del destino, había entrado directamente a la guarida de Bianca?

Bianca se cruzó de brazos y la miró de arriba abajo con desconfianza.

—No me digas que... ¿viniste a robar mi cartera de clientes?

Felisa no quiso perder su tiempo en idioteces y volvió a girar la cabeza hacia la puerta de la presidencia. A lo lejos, solo logró ver la espalda firme y elegante de un hombre alto que se estaba despidiendo de Ricardo Valenzuela con un apretón de manos.

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