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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 91

Lorena Silva, de pie en el centro comercial, escuchaba los duros reproches de Clara Salazar al otro lado de la línea. El pánico la invadió por un instante, pero pronto recuperó la compostura.

—Señora Hernández, ¿qué ocurre? —preguntó, forzando una sonrisa conciliadora.

—Aunque Felisa no sea tu hija biológica, como su madrastra no deberías ir por ahí arruinando la reputación de la muchacha.

—¡Pero si todo lo que dije es verdad! ¿Acaso no mandó a investigarlo usted misma? ¿Qué le parece si nos vemos esta noche? Quiero presentarle a Bianca, mi verdadera hija.

Si la señora Hernández conociera a Bianca, seguro le encantaría.

—No hace falta. Y no vuelva a llamarme —sentenció Clara Salazar antes de colgar de golpe.

Escuchando el tono de ocupado, Lorena perdió al instante las ganas de seguir comprando. Se dio la vuelta y se dirigió directamente a la empresa de Bianca.

Al ver a su madre regresar con las manos vacías, Bianca frunció el ceño, desconcertada.

—Mamá, ¿no habías ido a comprarme el vestido para esta noche?

—Hubo un contratiempo.

Con el rostro ensombrecido, Lorena le resumió la llamada telefónica. Bianca apretó los labios con molestia.

—Mamá, tú solo dijiste la verdad. Aunque la actitud de la señora Hernández haya cambiado, no podemos rendirnos así nada más. No voy a permitir que Felisa entre a la familia Hernández con tanta facilidad.

Si Felisa llegaba a convertirse en la señora Hernández, siempre estaría por encima de ella. Habían competido durante más de una década, y jamás permitiría que su hermanastra tuviera una vida mejor.

Lorena guardó silencio por un momento, y un destello calculador cruzó su mirada.

—Tienes razón. Esta noche seguiremos con el plan. Revelaremos su pasado frente a todos para que el señor Hernández vea su verdadera cara.

Bianca no pudo evitar esbozar una sonrisa maliciosa. En su mente ya saboreaba la escena: Felisa humillada frente a la prestigiosa familia, perdiendo la cara y viéndose obligada a cancelar el compromiso.

En la alta sociedad, lo más importante era el linaje y el buen nombre. Los hombres de poder solo buscaban mujeres de familias impecables. Ella sabía que su belleza no era tan deslumbrante como la de Felisa, pero al menos ella sí era una mujer pura que se había dado a respetar.

Con eso bastaba para ser infinitamente superior a ella. ¿De qué le servía a Felisa ser tan hermosa? Al final del día, no era más que las sobras de otro hombre.

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