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El Menor Que Mantuve romance Capítulo 51

Jessica estaba más que satisfecha con su estatus… y con cómo se veía.

No como Aitana, que a simple vista parecía de esas mujeres coquetas y de dudosa reputación.

Lidia estaba sentada ahí, con cara de absoluto desinterés.

Jessica, en cambio, se desvivía por atenderla.

—Lidia, come tantito durazno.

Se esforzaba por presentar a Nazario y a Lidia, por sacar plática y armar tema.

Nazario, por cortesía, contestó un par de frases.

Lidia igual.

Mientras se comía el durazno que Jessica le había pasado, a Lidia le daba risa por dentro.

Ella se estaba viendo con el esposo de Jessica.

Y aun así, Jessica estaba haciendo hasta lo imposible por juntarla con su hijo.

¿Cómo no iba a darle risa?

Jessica no tenía la menor idea.

Ni aunque la mataran se imaginaría que esa “posible nuera” que tanto le gustaba… en realidad era su rival.

Aitana estaba en la orilla del sillón, tronando semillas de girasol en silencio, como si todo lo que pasaba a su alrededor no fuera con ella. Se hizo la que no entendía.

De reojo miró por la ventana: el cielo ya se estaba oscureciendo.

Pensó en esos chabacanos amarillos y, con el pretexto de ir al baño, se escapó de la sala.

Ya afuera, Aitana soltó el aire.

Ese montón de mujeres en la sala no paraban de hablar y ya le traían la cabeza loca.

El atardecer terminó de caer.

En el jardín se fueron prendiendo una a una las lámparas del camino.

Con esa luz, Aitana encontró el árbol de chabacano. Las ramas estaban dobladas por el peso de la fruta.

Regresó a la casa, se cambió a ropa deportiva ligera y tenis. Luego buscó un palo en el jardín para usarlo de herramienta y volvió al árbol.

Se agarró del tronco áspero y en nada ya estaba arriba.

Tenía años sin subirse a un árbol; hace rato incluso dudó si todavía iba a poder.

Pero resultó que todavía tenía esa maña.

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