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El Menor Que Mantuve romance Capítulo 54

Aitana abrió y se topó con una escena que le lastimó la vista.

Nazario estaba recargado en el sillón, abrazando a una mujer borracha.

Era Noelia Requena, la única hija de Marino y su difunta esposa.

La hermanastra de Nazario.

Nazario la miraba con ternura, como si de verdad la adorara. Le sostuvo la cara con ambas manos y, sin pensarlo, se inclinó para besarla.

En ese instante, a Aitana se le heló la sangre. Se quedó clavada en la entrada, incapaz de moverse.

Así que… La persona que Nazario tenía en el corazón era ella.

Aitana recordó con cuidado los rasgos de Noelia. Sus ojos… se parecían a los de ella.

Con razón.

Por fin entendió esos momentos en los que Nazario se quedaba viendo su cara, como perdido: en quién estaba pensando.

Y justo cuando Nazario estaba a punto de besar a Noelia, la vio de reojo.

Se incorporó de golpe, con un destello de pánico en los ojos.

Aitana, al ver su expresión, sintió frío por dentro.

¿Estaba nervioso porque lo habían cachado sintiendo algo por Noelia… o por otra cosa?

Aitana inhaló hondo. No dijo nada. Se dio la vuelta de inmediato, salió y cerró la puerta.

Nazario salió tras ella y la alcanzó en el pasillo.

—Aitana, espera.

Se plantó frente a ella.

—Déjame explicarte…

Aitana lo miró con calma, pero con una frialdad que cortaba.

—A ver. Explícame.

Nazario se quedó sin aire. Abrió la boca, pero de pronto sintió que cualquier cosa que dijera iba a sonar patética. No supo qué decir.

Aitana soltó una risa seca.

—Nazario, terminamos.

En tantos años juntos, era la primera vez que ella decía esas palabras.

Nazario se quedó helado.

—Aitana, no digas eso por coraje.

No creyó que fuera en serio; pensó que solo estaba enojada.

Aitana habló sin alterarse.

—Lo digo en serio. Terminamos.

—Nazario… ya me cansé. Desde hace mucho.

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