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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 1082

En esa casa, no necesitaba ser nadie más que Eli.

Podía reírse cuando Grace la molestaba, escuchar las historias de Riana, charlar con Naomi o sentarse con los demás y disfrutar de estar en casa. Incluso cuando Josh la fastidió varias veces hablando de su partido, Eli solo podía reírse y decirle que dejara de confiarse tanto.

Sin embargo, esa tarde le tocaba regresar al dormitorio.

Después de despedirse de la familia Miller, Eli subió al auto y miró por la ventanilla durante el trayecto a la universidad. La calidez de la casa de los Miller se fue desvaneciendo detrás de ella, y en su lugar regresó la vida universitaria, que en los últimos días le había resultado bastante agotadora.

Eli suspiró. Solo esperaba que, al regresar a la universidad, no hubiera más problemas por esos rumores baratos.

Ya sabía quién los había empezado. También había dejado de sentir la necesidad de darle explicaciones a gente que ni siquiera la conocía de verdad. Cuanto antes se aburrieran todos de hablar de ella, mejor.

Eli sabía que quizá todavía hubiera quienes la miraran de otra manera. Quizá aún hubiera murmullos cuando recorriera los pasillos de la universidad, o miradas curiosas de otros estudiantes. Pero esta vez no quería dejar que nada de eso la afectara.

Tenía clases, tareas y muchas otras cosas más importantes en las que pensar, y no tenía ninguna intención de permitir que unos rumores baratos destruyeran todo eso.

Unos días después de regresar a la universidad, la vida de Eli fue recuperando la normalidad.

Esa tarde, Eli conversaba con una de sus compañeras de clase en la biblioteca. Estaban sentadas en una de las mesas largas cubiertas de libros y laptops.

—¿Cómo vas con la tarea para la clase de esta tarde, Eli? ¿Ya la terminaste? —preguntó su amiga en voz baja mientras ordenaba la pila de libros sobre la mesa.

Eli asintió mientras cerraba la laptop con calma.

—Ya la terminé. Tuve que dormir menos para acabarla. Esta tarea me quitó mucho tiempo.

—¡Ay, ya sé! A mí también. Tardé muchísimo y por poco me rindo —dijo su amiga en voz baja y se rio. Un momento después, su expresión se volvió más cautelosa—. La verdad, me preocupaba que te quedaras decaída mucho tiempo pensando en los rumores sobre ti.

Cuando la amiga la miró fijamente, como si quisiera asegurarse de que de verdad estaba bien, Eli sonrió. No había ningún rastro de tristeza.

—No te preocupes. No voy a sacrificar mis estudios por alguien que nunca quiso entenderme. Mejor estudia más si quieres ganarme.

Eli y su amiga rieron en voz baja.

—No tengo ninguna intención de ganarte. Además de ser dedicada, eres muy inteligente —la elogió su amiga con sinceridad.

—No es así. Conseguí todas mis calificaciones a base de esfuerzo. Por eso paso la mayor parte del tiempo en la biblioteca, mi habitación o la librería.

—Eso es mucho mejor que volver a meterte con Natalie.

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