Capítulo 324
La lluvia seguía cayendo cuando el auto de Daven se detuvo frente a la casa de Althea. Las luces del jardín proyectaban un suave resplandor dorado sobre el suelo mojado y pintaban la noche con un brillo tranquilo y tierno.
-Te acompaño hasta la puerta -dijo Daven, alcanzando un paraguas.
Althea sonrió.
-No es necesario, Daven. Yo puedo sola.
-Es muy peligroso dejar que camines bajo la lluvia -respondió él enseguida, en un tono ligero pero sincero-. Además... todavía no estoy listo para despedirme.
Las mejillas se le encendieron y bajó la mirada, con una sonrisa tímida asomando.
-Está bien. Pero solo hasta la entrada.
Caminaron uno al lado del otro bajo el paraguas, tan cerca que sus hombros casi se rozaban. El aire fresco de la noche se mezclaba con el aroma de la lluvia y la colonia de Daven, y los envolvía en una
calidez extrañamente reconfortante.
Cuando llegaron a la puerta, se escucharon pasitos desde el interior.
-¡Papá! -gritó Josh con voz emocionada al abrir la puerta de un tirón, la cara radiante.
Daven rio y se inclinó para tomarlo en brazos.
-¿No es ya hora de que estés dormido?
Josh lo abrazó con fuerza.
-No podía dormir. ¡Estaba esperando a que tú y mami llegaran!
Desde la sala apareció Lydia con su bastón, una sonrisa cansada pero divertida en la cara.
-Intenté acostarlos, pero creo que esta noche se aliaron en mi contra.
Grace, medio dormida en los brazos de Cale, le palmeó la mejilla de pronto y balbuceó:
-Pa... pá...
La sonrisa de Daven se suavizó al tomar a la pequeña de los brazos de Cale.
-Hola, cariño. ¿Tú también sigues despierta?
Grace le tocó la cara y se rio. Su risa llenó la habitación y borró los últimos rastros del cansancio del día.
Althea se quedó junto al umbral, mirando a los tres, Daven, Josh y Grace, con mucha ternura. Era como un destello de la vida que alguna vez creyó perdida para siempre.
-¿Ves? -murmuró Lydia a su lado, con una sonrisa cómplice-. Ya es parte de tu familia de verdad.
Althea miró a Daven cargando a Grace y bajó la mirada.
-Sí... lo sé.
Daven se acercó, todavía con Grace en brazos, que ya empezaba a bostezar.
-Yo la subo, Thea. Déjame dormirla.
-Daven, estás agotado. Yo puedo...
-Por favor, déjame -la interrumpió con suavidad -. Quiero hacerlo.
Su voz era tan sincera que hacía imposible negarse.
Althea solo asintió y lo dejó ir.
Josh le tiró de la mano con suavidad.
-¿Por qué?
-Por todo -dijo en voz baja-. Por quedarte. Por no rendirte. Por amar a mis hijos... y a mí, aunque todavía no esté lista para corresponderte de la
misma forma.
Daven la miró un largo momento antes de sonreír.
-Thea, no tienes que estar lista. Nunca esperé nada a cambio. Solo quiero estar donde pertenezco.
A ella se le cortó la respiración.
-Y ese lugar... ¿es a mi lado? -preguntó, en un susurro apenas audible.
-Siempre -dijo Daven, con voz firme-. Aunque no me veas, voy a estar aquí.
En ese momento se oía solo la lluvia y el ritmo lento de sus respiraciones.
Josh se había quedado dormido sobre el regazo de Althea, con su pequeño pecho subiendo y bajando en paz. La escena hacía que el momento se sintiera casi sagrado: Daven mirándola, a la mujer que alguna vez estuvo a punto de quebrarse, ahora ahí sentada rodeada de calidez, con sus hijos a salvo y queridos.
Althea se volvió hacia él, con una sonrisa tierna.
-Si Chase estuviera aquí, creo que te lo agradecería.
Los ojos de Daven se desviaron hacia la ventana, su voz apenas un murmullo.
-Quizá ya lo sabe, Thea. Porque desde hace dos años... siempre he sentido que fue él quien me trajo de regreso a ti.
Althea bajó la mirada y, al otro lado de la mesa, su mano encontró la de él, los dedos curvándose con suavidad alrededor de los suyos.
-Gracias por volver a casa, Daven.
Y esa noche, bajo la lluvia que aún quedaba y la tibieza tenue de su té, ya no necesitaron palabras, porque, de algún modo, en silencio y sin esfuerzo, sus corazones encontraron el camino a casa.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...