Althea sonrió radiante.
—Tienes razón. Precisamente por eso me encanta tanto la idea de ir de campamento.
—¿Y no amas a quien tuvo la idea? —preguntó Daven mientras se señalaba.
Althea chasqueó la lengua.
—¿Y por qué habría de hacerlo?
—¿Entonces ya no me amas? —Daven la miró incrédulo—. ¿En serio?
—Por Dios, Daven —le advirtió Althea, incómoda, pues temía que otros clientes hubieran oído lo que acababa de decir—. ¿Puedes dejar de decir estupideces?
—No estoy diciendo estupideces —replicó con aire dolido—. Entonces... ¿en serio ya no me amas?
—¿No suelen ser las mujeres quienes preguntan “¿Me amas?” a sus novios o esposos? —refunfuñó Althea, irritada—. Entonces, ¿por qué me lo preguntas tú?
Daven sonrió.
—Digamos que hoy me toca hacer la pregunta a mí.
—Eso no pasa.
Daven se rio.
Después de pasar casi dos horas recorriendo el supermercado, por fin compraron todo lo necesario. Casi no cabía nada más en el carrito. Pagaron y cargaron todas las provisiones en el auto.
Althea suspiró aliviada y se acomodó la correa del bolso al hombro. Supuso que irían a casa para comenzar a empacar, pues ya estaba cayendo la tarde.
Sin embargo, durante el camino de vuelta, Daven no tomó la ruta hacia la residencia de los Miller, sino otra. Althea, que disfrutaba del trayecto en silencio, preguntó:
—¿Adónde... vamos?
La miró un instante y continuó sin darle oportunidad de responder.
—Por eso, antes de volver a casa y ocuparnos otra vez de los niños y del trabajo que nos deja exhaustos, quiero invitar a mi amada esposa a una cena sencilla.
La confusión y la sorpresa de Althea dieron paso a un rubor que le encendió las mejillas al escuchar la explicación de su esposo. No esperaba que, en medio de tantas obligaciones y de los complicados problemas familiares que enfrentaban, Daven todavía pensara en su relación con tanto cariño.
—Siempre logras sorprenderme, Daven —susurró Althea.
Giró la cara hacia la ventana para ocultar que sonreía con timidez.
Entonces, Daven extendió la mano y tomó la de su esposa sin dudarlo. La acarició y le dio un breve beso en el dorso mientras sujetaba el volante con la otra mano.
El trayecto terminó frente a un restaurante tranquilo de estilo clásico, apartado del bullicio del centro. Por primera vez en mucho tiempo, los dos pudieron disfrutar de una cita, un espacio solo para ellos, sin que los interrumpieran el llanto de los niños ni las llamadas de trabajo.
Un mesero los recibió con amabilidad y los condujo a la mesa que Daven había reservado. A Althea le sorprendió mucho que hubiera planeado todo aquello.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Y que pasó con el embarazo de Lydia??...
Que aburridaaaaaa ya está la novela...
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...