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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 808

Después de desayunar juntos, el campamento volvió a llenarse de actividad. Algunos decidieron relajarse cerca de las tiendas, mientras que otros buscaron formas de disfrutar el tiempo que les quedaba al aire libre.

Josh, por supuesto, pertenecía al segundo grupo.

En cuanto terminó el último bocado de su plato, Josh se llevó a Eli fuera del campamento con un entusiasmo que parecía inagotable. Grace, quien aún sostenía su botella de agua, corrió tras ellos. Naomi pretendía dar un paseo tranquilo, pero acabó dejándose arrastrar por el grupo.

—¿Por qué tengo la impresión de que ya tienes algo planeado? —preguntó Eli al notar que Josh llevaba una pequeña bolsa al hombro.

Josh pareció ofendido.

—Yo siempre tengo un plan.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

Grace rio entre dientes. Naomi, que caminaba a su lado, solo agitó la cabeza, divertida.

Pasaron casi toda la mañana explorando los alrededores del río. De vez en cuando, Josh los animaba a buscar ramas y leña para llevar al campamento. Sin embargo, casi siempre era solo una excusa para convertirlo todo en un juego.

—El que encuentre más leña gana.

—¿Cuál es el premio? —preguntó Grace, ansiosa.

Josh guardó silencio.

—Todavía no he pensado en eso.

—No parece una competencia muy buena —comentó Eli con indiferencia.

Aun así, Grace corrió con entusiasmo de un lado a otro en busca de leña. La pequeña incluso arrastró varias veces a Naomi consigo cuando encontraba algo que le parecía interesante.

—¡Naomi, mira! —Grace señaló una mariposa posada sobre una flor silvestre. Unos minutos después, volvió a llamarla.

—¡Naomi, mira esta!

Esta vez, solo le mostraba una piedrita redonda. Sin embargo, el entusiasmo de Grace era tan genuino que Naomi se agachó para examinarla.

—Es una piedra poco común.

—¡Ves! ¡Te lo dije! —Grace sonrió orgullosa. Sin darse cuenta, volvió a tomar a Naomi de la mano y se la llevó a otro lugar.

Al principio, Naomi se sentía incómoda cada vez que Grace hacía eso, pero ya comenzaba a acostumbrarse. Sin darse cuenta, a veces era ella quien sostenía aquella manita.

Al mediodía, por fin descansaron junto al río. El agua cristalina fluía tranquila entre las grandes rocas y producía un murmullo relajante. Grace se sentó sobre una de ellas y se puso a jugar con varias ramitas que había encontrado. Eli permaneció cerca para asegurarse de que la pequeña no se acercara demasiado a la orilla.

Mientras tanto, Josh se sentó con las piernas cruzadas sobre el pasto. Como de costumbre, no aguantó mucho tiempo en silencio.

—¿Saben qué?

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