El equipo Alfa se desplegó por el patio. Los dos guardias apostados junto al garaje solo advirtieron su presencia cuando escucharon pasos detrás de los arbustos.
—¡Intrusos!
El grito rompió el silencio.
Uno de los guardias intentó sacar a toda prisa el arma que llevaba en la cintura. Pero antes de que pudiera alzar la pistola, una fuerte patada le dio en la muñeca y el arma salió volando varios metros sobre los adoquines.
El otro hombre intentó correr hacia la puerta principal de la casa.
¡Bang!
El disparo retumbó.
La bala impactó en el suelo delante de sus pies y lo obligó a detenerse. En cuestión de segundos, dos miembros del equipo Alfa lo derribaron. Le torcieron los brazos a la espalda y le colocaron unas esposas de acero en las muñecas.
—¡Frente asegurado!
Chris no perdió ni un segundo. Irrumpió en la casa junto con otros tres miembros del equipo, mientras Brandon se aseguraba de que nadie escapara por la parte trasera.
Derribaron la puerta principal.
¡Bang!
Los pasos de los agentes del Dragón Negro resonaron por toda la casa.
—¡Despejado!
—¡Planta baja despejada!
—¡Cocina despejada!
Los reportes no dejaban de llegar por los auriculares.
Chris recorrió cada rincón de la estancia con la pistola en mano. La sala estaba revuelta. Varias sillas habían quedado fuera de su sitio, como si alguien las hubiera usado poco antes. Sobre la mesa aún descansaban dos tazas de té.
Se acercó a la mesa y tocó una de las tazas con la punta de los dedos. Todavía estaba tibia. Su expresión cambió.
—Acaban de irse.
Chris apuró el paso hacia el segundo piso. Varios miembros del equipo Alfa se distribuyeron para revisar todas las habitaciones de arriba y confirmar que nadie permaneciera escondido. Chris se dirigió hacia una puerta cercana a la escalera. En cuanto la empujó y vio el interior de la habitación, se le cortó la respiración.
Una silla de madera ocupaba el centro del cuarto.
Unas cuerdas de nailon que nadie había retirado seguían atadas a los reposabrazos. Una cobija gris arrugada yacía en el piso, y un frasco de sedantes había rodado hasta quedar junto a las patas de la silla. Todavía quedaban algunas pastillas dentro. Un tazón y los fragmentos de un vaso roto estaban esparcidos por el suelo, como si algo hubiera ocurrido allí unos instantes antes.
Chris se agachó despacio. Entre las ásperas ataduras descubrió varias hebras de cabello largo y negro atrapadas en los nudos. Con cuidado, recogió una con la punta de los dedos.
Unos segundos después, miró hacia un rincón de la habitación. Una bufanda color crema yacía en el suelo. Chris la reconoció.
—Esa... es de Naomi.
Tomó la bufanda y la apretó con suavidad. El tenue aroma que aún impregnaba la tela hizo que tensara la mandíbula. Cada indicio en la habitación apuntaba a la misma conclusión.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...