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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 935

El hombre que estaba justo a la derecha de Silas se desplomó; su cuerpo chocó contra el hombro de otro hombre antes de caer de lleno al suelo. Ahora ya nadie podía ocultar el pánico.

—¡Señor Silas!

—¡Nos tienen en la mira!

—¡Protejan al señor Silas!

Varios hombres formaron una barrera frente a Silas, pero ninguno se atrevió a quedarse expuesto por mucho tiempo. No podían ver al enemigo que enfrentaban.

Y eso era lo más aterrador. Silas por fin palideció. Por primera vez desde que empezó el día, su seguridad desapareció. Retrocedió medio paso; su instinto le decía que estaba perdiendo el control del campo de batalla.

Silas volvió a cruzar miradas con Cale. Aquel hombre seguía avanzando hacia él. Su cara continuaba inexpresiva; no mostraba una sonrisa triunfal ni rastro de enojo, solo una calma que resultaba mucho más amenazante que todo lo que ocurría a su alrededor.

—¿Quiénes son? —preguntó Silas en voz baja.

Cale se detuvo a pocos metros de él. No apartó los ojos de Silas.

—Estabas demasiado ocupado viéndome a mí —dijo—. Olvidaste mirar todo el tablero.

Aquellas simples palabras golpearon a Silas con mucha más fuerza que el puñetazo que le rompió el diente. Al final, se vio obligado a aceptar una realidad que jamás se le había pasado por la cabeza.

Desde que Cale entró a la casa, a Silas lo habían ido llevando hacia el final de la partida. Pero no. No se rendiría esa noche. ¿Después de todo lo que había pasado? ¡Imposible!

Silas apretó la mandíbula. Sin dudarlo, levantó la pistola y apuntó al pecho de Cale.

—¡Muere!

Su dedo índice empezó a presionar el gatillo, pero en ese mismo instante...

Pfft.

Un dolor intenso atravesó la pierna izquierda de Silas. Perdió el equilibrio. La pistola que tenía en la mano se disparó, pero la bala impactó contra la pared, muy por detrás de Cale.

—¡Agh!

Cayó sobre una rodilla mientras se sujetaba el muslo. La sangre comenzó a filtrarse entre sus dedos. El pánico volvió a apoderarse del pasillo.

—¡Protejan al señor Silas!

Varios de sus hombres corrieron hacia él mientras una ráfaga repentina de disparos desde el segundo piso sembraba aún más caos. Los vidrios de las ventanas estallaron. Las balas se estrellaban contra las paredes y los pilares a lo largo del pasillo.

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