El silencio volvió a apoderarse de la noche. Solo se oían el viento que barría la pista de aterrizaje y el tenue zumbido de los motores encendidos a lo lejos.
Falcon suspiró. Observó una a una las caras que tenía delante y esbozó una mueca de desprecio.
—Creí que eran más inteligentes.
Sonrió con sarcasmo.
—O... —preguntó mientras recorría con la mirada toda la fila de efectivos—, ¿de verdad están dispuestos a sacrificar a una mujer?
Naomi cerró los ojos. Los latidos del corazón le retumbaban en los oídos con tanta fuerza que apagaban casi todos los demás sonidos. Sentía el metal frío de la pistola contra la sien y la respiración acompasada de Falcon a su espalda. Cada segundo se le hacía insoportablemente largo, como si el tiempo se negara a avanzar.
Junto a la entrada del almacén, Brandon y Chris salieron por fin con los miembros del equipo Alfa. Al ver que Falcon estaba acorralado, ambos sintieron una chispa de esperanza, pero se esfumó en cuanto vieron la pistola todavía apoyada contra la cabeza de Naomi.
Brandon apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
—No lo hagas.
La voz le salió tan baja que sonó más a súplica que a advertencia.
A su lado, Chris guardó silencio. Tenía la mandíbula tensa y no apartaba la vista de Naomi. Por primera vez desde que llegó al almacén, comprendió que, aunque cientos de armas apuntaban a Falcon, la vida de Naomi dependía del dedo que Falcon mantenía sobre el gatillo.
Eso volvía la situación mucho más aterradora que el tiroteo de unos minutos antes. Falcon alzó un poco el mentón.
—¿Quién está al mando aquí? —gritó. Recorrió con la mirada cada cara detrás de los cañones, como si desafiara a cualquiera que tuviera el valor de mostrarse.
—¡Salgan!
Nadie respondió.
Solo el viento nocturno recorría la pista de aterrizaje y agitaba el traje de Falcon y el cabello revuelto de Naomi. El silencio resultaba extraño, tan profundo que la respiración de todos parecía oírse.
Falcon suspiró.
—¿Ves?
Volvió un poco la cabeza hacia Naomi. Presionó de nuevo el cañón de la pistola contra su sien, como para asegurarse de que todos recordaran quién tenía el control.
—Jamás se atreverán.
Falcon volvió a mirar la fila de hombres que tenía enfrente. Nadie se movió. Ni un solo cañón cambió de posición. Pero fue esa misma quietud la que le despertó un mal presentimiento. Algo... no estaba bien.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...