Lydia abrió despacio los párpados, que le pesaban muchísimo.
La luz del sol que se filtraba por las cortinas traslúcidas la deslumbró y la obligó a cerrar los ojos durante unos segundos.
Le palpitaba la cabeza y se sentía tan débil como si no le quedara una gota de energía. Exhaló despacio para intentar calmar el corazón, que aún le latía de forma irregular.
Percibió el fuerte olor característico de un hospital, pero más bien se mezclaba con la fragancia de la madera de pino y el tenue aroma a café que se quedaba.
Lydia volvió a abrir los ojos, esta vez con más cuidado. El techo tenía vigas de madera marrón oscuro. En las paredes predominaba la piedra natural combinada con paneles de madera, mientras que los grandes ventanales daban a una arboleda que se mecía con la brisa de la mañana.
Aquel lugar no era un hospital. Aunque la habitación estaba llena de equipo médico, resultaba sorprendentemente cálida. El aroma a madera de pino y la luz del sol matutino hacían que se pareciera mucho más a una villa que a una sala de tratamiento.
Aun así, junto a la cama había un soporte de suero desde el cual un líquido transparente todavía goteaba despacio hacia el dorso de su mano. Un monitor cardíaco mostraba que sus latidos mantenían un ritmo constante, mientras que, en una esquina de la habitación, varios aparatos médicos estaban ordenados sobre una mesa de acero inoxidable.
Junto a la pared había dos tanques de oxígeno, y un gran maletín médico seguía abierto; dejaba al descubierto diversos suministros de emergencia que todavía no habían recogido. Alguien había convertido una de las habitaciones de la villa en una sala de tratamiento provisional.
Lydia frunció el ceño.
Le dolían varias partes del cuerpo. Tenía el hombro izquierdo cubierto por un vendaje grueso, al igual que el brazo y un costado de la cintura. En cuanto intentó moverse un poco, una punzada aguda le atravesó el cuerpo y le cortó la respiración.
Empezó a sentir que algo no estaba bien. Volvió a cerrar los ojos e intentó recordar lo ocurrido. Al principio solo surgieron imágenes fragmentadas, sin una secuencia clara.
Un almacén sofocante, el dolor atroz en el abdomen, luego la llegada de un doctor que la examinó. En aquel momento, el sonido de disparos continuos resonó a su alrededor. No tuvo más opción que abandonar aquel lugar si quería sobrevivir.
Luego vino la imagen de un hombre tendido sin fuerzas a su lado. La sangre no dejaba de manarle del hombro y le manchaba las manos a Lydia mientras intentaba calmarlo, al tiempo que el doctor, al otro lado del hombre, luchaba por salvarle la vida.
Jasper.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...