Los pasos se acercaron lentamente.
En medio del pánico, Yasmín recogió rápidamente la prueba de embarazo y se la guardó en el bolsillo.-
Al mismo tiempo, una mano grande se posó en su hombro y la hizo girar.
Yasmín se puso rígida por los nervios, pero trató de controlar sus emociones y alzó la mirada para encontrarse con el apuesto y esculpido rostro de Samuel.
Sus miradas se cruzaron; los ojos fríos de él, habitualmente carentes de emoción, parecían un lago congelado.
Bajo su nariz recta, sus labios finos estaban apretados, emanando un aura de total indiferencia.
Samuel siempre había sido así, por lo que durante los últimos tres años, ella se había acostumbrado a su frialdad.
Pero la noche anterior, ella misma había visto cómo ese bloque de hielo, que creía que nunca se derretiría, se transformaba en un charco de agua cálida frente a Eloísa.
—¿Lloraste?
Los largos dedos del hombre presionaron sus párpados.
Sus ojos estaban un poco hinchados después de llorar toda la noche, y el simple toque le ardió.
—¿Solo porque anoche no pude volver para que celebraras mi cumpleaños conmigo?
Yasmín apretó la falda con las puntas de los dedos y respiró hondo.
—Yo...
Justo cuando iba a hablar, una sombra la cubrió.
Un cálido contacto se posó sobre sus párpados.
—Vi todo lo que preparaste...
Era Samuel, besando sus párpados enrojecidos. En el corazón de Yasmín surgió una inoportuna alegría, y un brillo iluminó sus ojos oscurecidos.
—Entonces, tú...
Pero rápidamente, sus palabras fueron interrumpidas de nuevo.
—No prepares nada la próxima vez. Es una pérdida de tiempo.
*¿Una pérdida de tiempo? ¿Era porque sabía que no iba a volver?*
*¿O porque despreciaba lo que ella preparaba para él?*
Tenía sentido. Eloísa era la amiga de la infancia que habitaba en lo más profundo de su corazón, y ella... para Samuel, no era más que una carga.
Si no hubiera sido por la presión de Don Ignacio, Samuel seguramente se habría divorciado de ella y la habría alejado de su vida hace mucho tiempo.
Además, ¿acaso Samuel no le había dado ya la respuesta anoche sobre con quién elegiría pasar su cumpleaños?
¿De qué se estaba alegrando, engañándose a sí misma?
La alegría en el corazón de Yasmín se congeló al instante, y sus hermosos ojos se ensombrecieron de nuevo, cubiertos por una densa niebla.

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