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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 113

—Hermano.

Después, si pudiera llamarlo así en persona, sería aún mejor.

...

Al día siguiente, Carolina fue a InnovaElectra, donde la señora Patricia la recibió con una sonrisa exageradamente amable.

—Abogada Carolina, ya salió el resultado de nuestro juicio de ayer. El tribunal ya dictó sentencia, no tenemos que pagar ese pedido. Mire, aquí está el fallo.

Carolina tomó la resolución, hojeó hasta la última página y confirmó lo que ya sospechaba.

Aun así, sabía que la señora Patricia estaba mintiendo. Esa sentencia no había salido apenas ayer, eso era seguro.

—Gracias, señora Patricia.

La señora Patricia ya se había enterado de que Diana había sido despedida, y así comprendió que había subestimado a Carolina.

Al principio, solo intentaba ponerle algunas trabas para quedar bien con la gente del Grupo Loza.

Pero jamás se imaginó que Carolina tenía una conexión mucho más fuerte detrás.

Resulta que su respaldo era el señor Gonzalo. Por supuesto, nadie en su sano juicio querría buscarse problemas con ella.

—Abogada Carolina, mire que aparté mesa en Paraíso del Gusto para el mediodía, ¿por qué no almorzamos juntas?

Carolina sonrió con cortesía, pero le respondió con firmeza:

—Gracias, señora Patricia, pero tengo que volver al despacho. De verdad, gracias por la invitación.

Como encargadas de la auditoría, lo correcto no era almorzar con el cliente.

Y además, recordaba el trato altanero que la señora Patricia le dio el día anterior, así que no le nacía ninguna sonrisa genuina.

Fingir educación estaba bien, pero fingir durante toda una comida ya era pedirle demasiado.

Carolina pasó la tarde elaborando el reporte detallado de InnovaElectra y se lo envió a Hugo. Se estiró, notando que ya eran las seis de la tarde.

Recogió sus cosas, lista para salir.

En ese momento, Mónica le mandó su ubicación.

En seguida, llegó la llamada de su mejor amiga.

—¡Carito! Ven ya, ayúdame a escoger ropa. Mañana me voy a París a ver un desfile.

Carolina no pudo evitar sentir un poco de envidia por la vida de Mónica.

—¿Estos son todos los modelos nuevos que tienen?

—Sí, señorita Mónica. Mañana nos llega otra tanda. Si quiere, podemos enviarle las prendas a la mansión Loza.

Mónica era clienta premium de esa tienda, así que siempre le mandaban las novedades a la mansión Loza para que eligiera primero.

Pero ella negó con la cabeza.

—No, gracias. Mañana ya vuelo.

—¿Tú, Carito, quieres algo? —le preguntó, notando que su amiga llevaba tiempo sin comprarse nada nuevo.

Carolina recordó la promesa que había hecho para el fin de semana con Mauro, así que decidió mirar con más atención.

—Señorita Sanabria, por allá hay un vestido de gala morado. Como usted es de piel clara, seguro se le ve increíble.

La vendedora, muy avispada, la llevó hacia el escaparate.

Mientras Carolina examinaba a detalle el vestido, levantó la vista y sus ojos se cruzaron con una pareja al otro lado del cristal.

Vaya, el destino sí que sabe jugar bromas. ¡Justo tenía que encontrarse con ellos aquí!

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