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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 114

Marisol vio a la mujer reflejada en el escaparate y, con una leve curva de sus labios, dijo:

—Alexis, vamos a entrar a esta tienda, ¿sí?

Alexis, que justo estaba revisando su celular, no alcanzó a notar a la mujer dentro de la tienda.

Bloqueó la pantalla y sonrió.

—Claro, entremos a ver. Si te gusta algo, llévate varias prendas.

—Carito, ¿ya le echaste el ojo a algo? ¿No quieres probarte alguna? —preguntó Mónica, quien tampoco sospechaba nada de lo ocurrido afuera.

Mientras Mónica terminaba de hablar, Marisol ya había tomado del brazo al hombre y, con paso seguro, se acercaba.

—Carolina, Mónica, qué sorpresa verlas por aquí —dijo Marisol con una voz suave y melosa.

Mónica, al escucharla, rodó los ojos con fastidio.

—¡Qué mala suerte! Justo tenía que aparecer esta tipa... —pensó.

Alexis apretó la mandíbula y no apartó ni un segundo la mirada de Carolina.

Ese día, Carolina llevaba un vestido largo en tono rosa durazno, y sus mejillas, blancas y sonrojadas, la hacían lucir más delicada que de costumbre. Pocas veces usaba colores tan suaves, y Alexis no pudo evitar quedarse prendado.

Sentía que hasta el corazón le latía más rápido.

Marisol, mordiéndose los labios, notó perfectamente la diferencia en la mirada del hombre.

Ansiosa por llamar su atención, soltó:

—Alexis, quiero probarme ese vestido largo morado. Siento que me quedaría perfecto, ¿me lo compras?

Señalaba justo el vestido que Carolina había elegido.

—¿Y por qué? —saltó Mónica con una mirada desafiante—. ¡Carito lo vio primero! ¿No conoces la regla de primero en llegar, primero en escoger?

Marisol, con cara de víctima y pestañas temblorosas, trató de convencer:

—Carolina, yo me enamoré de ese vestido desde que lo vi afuera. ¿Me lo puedes dejar a mí, por favor?

Alexis no dejaba de mirar a Carolina.

La verdad, el morado no iba con Marisol; su estilo era demasiado sobrio y no sabía lucir un color tan intenso. Pero aun así, ella lo quería.

Alexis pensó que, si Carolina le pidiera el vestido con una sola palabra amable, él mismo convencería a Marisol de desistir.

Mónica aún recordaba el momento y seguía indignada.

—¡Carito! ¿Por qué le cediste el vestido?

Carolina sonrió tranquila.

—Ese color es demasiado llamativo, solo sirve para ocasiones muy especiales. Además, ni siquiera le queda a Marisol. Si tanto lo quiere, que se lo lleve.

—Eso sí, no le va nada. Ella es tan... desabrida, ¿cómo va a lucirlo? Solo mi hermano para fijarse en alguien así.

Al decirlo, se dio cuenta de su error.

—Ay, Carito, no lo dije por ti. No te enojes, lo decía por mi hermano, que es un patán.

Carolina rio con naturalidad.

—No pasa nada, Moni. Ya, mejor vamos a otra tienda. El sábado tengo un evento y necesito un vestido. ¿Me acompañas a escoger uno, mi reina?

En el quinto piso, un local de vestidos personalizados con un diseño único captó la atención de ambas.

—¡Carito, este vestido grita tu nombre! ¡Está increíble y brilla como ningún otro! —exclamó Mónica emocionada.

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