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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 117

—Jeje, Natalia, mi esposa ha visto tus novelas. ¡Todavía me acuerdo cómo decía que una actriz tan bonita como tú debería ser la protagonista! —rio el señor Tapia, amable y con una mirada cargada de simpatía.

—Gracias, maestro, de verdad es un honor lo que dice.

Lucas no dejó pasar la oportunidad y, dándole una palmada cariñosa a la mano de Natalia, soltó con aire juguetón:

—La esposa del maestro tiene razón, ¡tú eres la más bonita!

¿Por qué no era ella la protagonista?

No hacía falta pensarlo mucho. Lucas estaba detrás de eso. Le gustaba Natalia, pero no quería verla demasiado famosa. Así, con esa fama discreta, no tenía que desvelarse grabando escenas principales ni besar a otros actores.

Para él, el nivel de popularidad de Natalia era perfecto.

Lo que pensara Natalia al respecto, eso era otra historia.

Joel y Ricardo, que los veían desde un rincón, sentían que Lucas estaba presumiendo de más y les hervía la sangre de coraje.

Tanta miel, tanto alarde… El día que terminaran, seguro lo celebrarían en grande.

Natalia parpadeó, divertida. ¿Por qué sentía que los amigos de su novio la miraban como si les diera coraje que ella no reclamara más para sí misma?

Se les notaba la frustración, como si quisieran que ella se rebelara.

El maestro Tapia echó un vistazo alrededor.

—¿Y Mauro? ¿No ha llegado? ¿O fue por su novia?

Mauro era varios años mayor que ellos, pero también había sido alumno del maestro Tapia en la prepa.

En estricto sentido, era como el hermano mayor de Joel y los demás.

Ricardo, con una sonrisa socarrona, se animó a lanzar la primera piedra.

—Maestro, ¿a poco no lo conoce? Él, tan seco, si no fuera por nosotros ni amigos tendría. ¿Novia? Ni de broma, seguro ni se atreve.

Aquel día, las publicaciones en redes sociales solo les parecieron delirios de alguien soltero.

Solo Joel se tocó la nariz con nerviosismo. Apostaba que Mauro sí iba a llegar con alguien.

Lucas apoyó la broma:

—Es verdad, maestro Tapia. De todos sus alumnos, yo soy el más exitoso.

Joel y Ricardo le lanzaron una mirada asesina:

¡¿Ahora resulta que por no tener novia uno es un fracaso?!

Natalia sintió que su novio estaba buscándose enemigos a propósito y le dio un leve jalón a la mano para que se controlara.

Recién entonces Lucas decidió cerrarse la boca.

...

Mauro llegó en ese momento, bajando del carro. Se adelantó y, caballeroso, abrió la puerta del copiloto.

—Hija, mi esposo no sabe lo que dice —dijo la señora, entre risas—. ¡Abogada! Eso sí que está bien.

Ricardo estaba boquiabierto. No podía creer que Mauro sí trajera a una mujer.

Además… esa mujer se le hacía conocida.

Lucas también entrecerró los ojos, tratando de recordar.

¿De dónde la conocía? Entre más la veía, más familiar se le hacía.

Ninguno de los dos imaginaba que la supuesta novia de Mauro era la ex prometida de su propio sobrino.

El único que sabía la verdad era Joel, quien en silencio puso los ojos en blanco.

—Vaya, sí la trajo. Sí que se arriesga. Si su papá se entera, seguro va a armarse un escándalo.

Mauro miró con calma a sus hermanos menores.

—¿Qué pasa? ¿No van a saludar a mi novia? ¿Les cuesta tanto trabajo?

Todos se quedaron congelados.

—Hablo en serio, vengan y saluden a su cuñada. Al final, yo soy su mayor. No está de más que me lo reconozcan, ¿no?

Los tres se quedaron sin palabras, tragando saliva.

—¡Bah!

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