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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 123

—¡Mamá, ¿y ahora qué hacemos? ¡Seguro que me tomaron la cara en las fotos!

Zoe estaba tan alterada que los ojos se le llenaron de lágrimas y la voz le temblaba de rabia.

—Yo… yo mejor me voy a tirar al río de una vez —aventó, sin poder contener el drama.

Estela miró a su hija con una mezcla de desesperación y cansancio. Le dolía la cabeza solo de pensar en todo el lío.

Pero, ¿qué podía hacer? Al final de cuentas, era su única hija.

Si tan solo hubiera tenido un hijo, Pablo jamás se habría atrevido a tratarla así.

Si hubiera dado a luz a un varón, la empresa de Pablo ahora sería de su hijo.

Pero no, el destino le mandó una hija.

—Ya deja de hacer tanto escándalo —le soltó Estela, frunciendo el ceño—. Te he dicho mil veces que hay que mantener la calma. ¿Por qué ese tal César tenía la tarjeta de tu cuarto?

Estela había planeado todo: el mesero debía darle la bebida especial a Mauro y después, junto con Zoe, llevarlo hasta la habitación. Pero al final, Zoe terminó sola en el cuarto y quien entró, con la tarjeta en mano, fue ese hombre casado.

Zoe tampoco entendía cómo pasó eso. No era que no quisiera ayudar, simplemente no se atrevía a contarle a su madre lo mucho que Mauro la despreciaba. Ni siquiera frente a su mamá quería admitir que había perdido ante Carolina.

—Mamá, es que temía que sospechara, por eso entré antes a esperarlo —balbuceó Zoe, bajando la cabeza.

—Pero quién iba a imaginar que César iba a entrar y… apenas entró me tumbó en la cama, el cuarto estaba oscuro. Yo… pensé que era él…

Zoe no mentía. Hasta pensó que, por más serio y distante que pareciera Mauro, bajo los efectos de la droga era igual de desesperado que cualquier otro.

Incluso se le pasó por la cabeza la expresión que pondría Carolina al enterarse de todo. Solo de pensarlo se emocionaba.

Pero cuando prendieron la luz, toda la fantasía de Zoe se fue al carajo.

Estela escuchó toda la explicación y terminó aún más irritada.

—Bueno, ¿y tomaste la pastilla o no? —le preguntó, lanzándole una mirada fulminante—. No me digas que no te tomaste la del día después.

Zoe se quedó helada.

—Yo…

Estela se llevó la mano a la sien, sintiendo una punzada de dolor.

—Ahorita mando a alguien a comprarla, te la tomas en cuanto llegue. ¡Ya perdiste la dignidad, pero no vas a salir con que estás embarazada! ¡Eso sí que no!

—Está bien —Zoe contestó entre sollozos—. Mamá, ¿y lo de los periodistas?

—Yo me encargo. Tú no te metas en eso. Escucha bien, esto te lo llevas a la tumba, ¿me oíste? ¡Ni se te ocurra admitir nada jamás!

En cuanto a ese tal César, si su hija no decía nada, él tampoco iba a salir a contar mentiras.

Pero este asunto olía raro, como si hubieran puesto una trampa para que Zoe cayera.

...

—Señor Loza, los reporteros que pidió anoche preguntan si le mandan las fotos primero —le dijo Kevin, el asistente.

Mauro ni siquiera parpadeó.

—No hace falta, que las suban directo. Diles que yo me hago responsable, que publiquen lo que tengan que publicar.

Kevin asintió, aunque tragó saliva.

—Entiendo.

[¡Ah, bueno! Cuando termine de grabar la novela, tenemos que salir a comer juntas.]

Carolina sonrió mientras tecleaba:

[¡Claro!]

Tener una amiga famosa era una experiencia de lo más curiosa.

...

Al bajar a comer al mediodía, Carolina reconoció de inmediato la silueta que se acercaba.

Su expresión cambió de golpe.

—Carolina, te juro que este lugar de comida regional está buenísimo, además hoy tienen todo a mitad de precio —comentó Verónica, entusiasmada.

Pero Carolina la interrumpió en seco:

—Verónica, entra y aparta mesa. Yo voy por agua y ahorita las alcanzo. ¿Qué van a tomar?

En cuanto se alejaron, Carolina vio que el hombre ya la tenía justo enfrente.

—¿Otra vez, Alexis? ¿No te cansas? —reviró, fastidiada.

Alexis apretó los labios y le tendió una bolsa de compras.

—Toma, es el vestido que te gustó el otro día.

Carolina alcanzó a ver el color morado a través de la bolsa y frunció el ceño.

—¿Marisol no lo quiso y ahora me lo das a mí?

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