Zoe había estado esperando la llamada de su padre, pero no había señales de él.
Ella pensaba que, al menos, cuando su papá se enterara de lo que había pasado, ya no los dejaría seguir viviendo en ese departamento ruinoso.
Nada como vivir en una casa grande, ¿no? Un departamento jamás podría compararse.
Zoe soñaba con regresar para restregarle su victoria en la cara a Carolina.
—Mamá, ¿no crees que papá se volvió loco? Él ya sabe todo y, aun así, no nos ha pedido que regresemos.
Estela, sin embargo, veía las cosas con más claridad que su hija.
—Zoe, tenemos que hacernos a la idea. Por ahora, regresar a la casa es imposible. Mejor prepárate mentalmente.
Desde el momento en que se mudaron, Estela ya sospechaba que no habría vuelta atrás tan fácilmente.
—Tu hermana seguro hizo algún trato a espaldas nuestras con tu papá. Sabes que ella tiene labia y siempre consigue lo que quiere hablando. Nosotras no necesitamos hacer nada más que esperar a que se le caiga el teatro.
Las palabras de su mamá consiguieron tranquilizar un poco a Zoe.
—Tienes razón. Esa tipa solo sabe hablar bonito.
Estela soltó una sonrisa.
—Por eso, tienes que aprovechar la oportunidad de ser dama de honor, ¿me entiendes? Si vas a tener tu momento de revancha, ese día será la clave.
Zoe se animó enseguida.
—¿Ya tienes un plan, mamá?
En realidad, Estela no tenía nada planeado todavía. Solo quería que su hija destacara más durante la boda.
—Habla con Marisol sobre el vestido de dama de honor. Mejor lo conseguimos nosotras, ¿te parece? Dile que no es para robarle la atención a nadie.
Pero, por dentro, Estela estaba decidida: su hija debía ser la más llamativa después de la novia, sí o sí.
Zoe tenía buen físico, eso sí, pero le faltaba ese aire especial, ese porte.
Por eso, Estela pensaba usar el mes que quedaba para corregir los malos hábitos de su hija.
Aunque, en el fondo, dudaba: ¿de verdad lograría cambiarle algo en tan poco tiempo?
—Lo más seguro es que sí. Dependerá de lo que se decida en la reunión de hoy.
—¿Qué, tienes algún compromiso? —le preguntó Hugo, bromeando.
Ella forzó una sonrisa.
—No, no es cita ni nada de eso.
De regreso en su lugar, Carolina pensó un momento antes de mandarle un mensaje a Mauro.
[Carolina: Perdón, creo que este fin de semana voy a tener que trabajar. No voy a poder ir contigo a la tienda de muebles.]
Diez minutos después, Mauro le respondió.
[Mauro: ¿Tienes muchos casos encima últimamente?]
[Carolina: No tengo audiencias en puerta, pero justo es por el proyecto de inversión y fusión con tu empresa.]
Esta vez, Mauro tardó media hora en contestar.

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