El corazón de Carolina comenzó a latir con fuerza. Así que, ¿fue él quien compró el tema de tendencia?
¿Lo hizo solo para ayudarla?
—¿Mauro también conoce a Rubén? —preguntó Carolina, dubitativa.
Natalia se quedó callada un segundo y luego soltó una risa ligera:
—¿Qué cosas piensas, Carito? Si él conociera al señor Mauro, no habría venido a buscarme para preguntarle a un abogado, ¿no crees?
—El señor Mauro está ayudándote a desquitarte.
Por un momento, la mente de Carolina quedó en blanco.
¿Cuántas veces la había ayudado ya?
Los mensajes un tanto ambiguos de la noche anterior hacían que Carolina tuviera que enfrentar de nuevo lo que sentía por Mauro.
Si solo se tratara de un trato de conveniencia, podría aprovecharlo sin remordimientos.
Pero… ¿y si él iba en serio?
Carolina sabía que no podía enamorarse tan rápido. ¿Qué podría darle a cambio de ese cariño?
Durante ese minuto de silencio, su cabeza giraba a mil por hora.
—Carito, ¿me estás escuchando? —insistió Natalia desde el otro lado.
Carolina volvió en sí de golpe.
—Ay, Natalia, sí te escucho. Oye, me acordé de algo y tengo que colgar ahorita, ¿va?
Natalia se quedó mirando el celular cuando Carolina cortó de improviso. No pudo evitar preguntarse si otra vez había metido la pata.
Carolina, con el corazón a mil, se llevó una mano al pecho. Inspiró hondo, salió al balcón y dejó que el aire fresco la calmara un poco antes de marcarle a Mauro.
El teléfono apenas sonó dos veces antes de que él contestara.
La voz de Mauro, ronca y profunda, llegó a sus oídos:
—¿Bueno?
—Hola, Mauro… Justo acabo de despertar. Ayer me quedé dormida, hasta ahora vi el celular —explicó Carolina, todavía con un poco de culpa.
—No te preocupes, ya me imaginaba que estabas dormida.
—Sí…
—Mauro, yo…
—Espera, Mauro —lo detuvo Carolina, recordando el motivo de la llamada.
—La próxima semana, el sábado termina el novenario de mi abuela. ¿Qué día te acomoda para casarnos?
La sonrisa de Mauro, que había estado contenida, comenzó a asomar en sus labios.
—Ah, todavía no sé. Tengo que preguntarle a mi asistente cómo ando de tiempo.
—Está bien, cuando sepas, me avisas. Mauro… gracias por lo del tema de tendencia.
¿Así que ya lo había descubierto?
Mauro sonrió de lado, pero del otro lado del teléfono Carolina no pudo ver la calidez en su expresión.
—No es nada, para eso estamos los esposos, ¿no?
—Dijimos que ibas a aprovechar mi nombre. No podía dejar que salieras perdiendo.
Carolina sonrió, apenas un suspiro de alivio.
—Gracias… Nos vemos la próxima semana.
La próxima vez que se vieran, sería el día de su boda.

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